Una unidad especial de hombres armados al servicio del régimen en Siria actúa con alarde. Sus integrantes blanden rifles y cuchillos cuando recorren poblados y aldeas, a veces tras el retiro de los soldados del ejército regular.

Estos individuos, reclutados de la secta alawita — la misma a la que pertenece la elite gobernante_, forman un grupo paramilitar conocido como "shabiha", que apoya al régimen y que se cree ha perpetrado algunos de los ataques más horrendos durante la revuelta en Siria, lo que ha permitido al gobierno del presidente Bashar Assad negar su responsabilidad directa en los crímenes.

Naciones Unidas dijo que pesan fuertes sospechas de que estos combatientes pro Assad son responsables al menos parcialmente de la matanza ocurrida el fin de semana en Hula, lo que ha llamado la atención sobre estos combatientes que parecen tener una participación cada vez mayor en el sangriento conflicto en Siria.

Más de 100 personas perdieron la vida en Hula. Muchas de ellas, mujeres y niños, fueron asesinadas a tiros en sus casas.

Damasco rechaza tajantemente que tenga implicación alguna en la carnicería y la atribuye a terroristas, el mismo término con el que se refiere a las fuerzas rebeldes en el país.

Muchos sirios afirman que los shabiha son más terribles que el ejército y las fuerzas de seguridad. Los matones, dicen, son enviados con la misión específica de cometer actos brutales e intimidar a los oponentes a Assad.

El origen de la palabra shabiha es turbio, aunque algunos conjeturan que proviene de "shabah", que en árabe significa "fantasma". Otros dicen que significa alguien que tiene "gran alcance".

En un reporte reciente sobre la shabiha, el escritor sirio Yassin al-Haj Salih describió a los combatientes como "una unidad armada de refacción". Entre sus privilegios, agregó, se cuentan "inmunidad, ascensos, preferencias en escuelas y universidades, sin mencionar sueldos directos, como la paga por combatir la actual revolución".

Sin embargo, incluso si los shabiha son responsables de la matanza en Hula, no hay evidencia contundente de que el régimen la hubiera ordenado. No hay una cadena de mando obvia desde el régimen a la shabiha, y es difícil responsabilizar a alguien en específico por el derramamiento de sangre en el país porque la violencia se ha generalizado.

Además de las acciones de violencia autorizadas por el gobierno, los combatientes rebeldes lanzan ataques cada vez más mortíferos contra objetivos del régimen. Varios atentados de gran escala, obra de atacantes suicidas, dejan entrever que al-Qaida y otros grupos extremistas se han sumado a la lucha.

Debido a las severas restricciones que ha impuesto el gobierno a la prensa en Siria, es difícil verificar la veracidad de los relatos sobre los sucesos en el terreno.

Como sea, la unidad shabiha de hombres armados tiene un añejo historial en Siria que se remonta al padre y predecesor de Assad, Hafez, quien gobernó Siria de 1971 hasta que murió en el 2000.

Durante el gobierno de Hafez Assad, pandillas de shabiha recibieron armas de las unidades militares que estaban al mando del hermano de Hafez, Rifaat. Sus acciones delictivas incluían robo, chantaje y asaltos armados. También dirigían redes amplias de contrabando que transportaban armas, drogas, productos electrónicos y cigarrillos a los países vecinos.

Musab Alhamadí, activista que reside en la provincia de Hama, en el centro del país, dijo que los shabiha al parecer han incrementado sus operaciones, pero como una unidad que actúa a iniciativa propia, sin recibir órdenes directas desde arriba.

"Los shabiha están cada vez más fuera del control del gobierno", afirmó. Un ejemplo podría ser la matanza ocurrida en Hula, agregó.

"Esta matanza puso en una posición bastante incómoda al régimen", señaló. "El régimen intenta evitar los crímenes de este tipo debido a las exigencias de la comunidad internacional y de Rusia", señaló.

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Los periodistas de The Associated Press, Bassem Mroue, y Zeina Karam, contribuyeron a este despacho.