Dos décadas después de que el huracán Andrew golpease sin aviso y la dejase en ruinas, Homestead es hoy una pujante comunidad dos veces más grande que la de entonces, en buena medida gracias al impresionante influjo de hispanos.

Hacia 1990, Homestead tenía una población de 26.800 personas, según el Censo nacional. Pese a que 9.000 personas escaparon después de Andrew, en el 2010 la población de la ciudad era de 60.500 personas.

Y el 62,9% (38.000 personas) se identificó como hispana, comparado con el 35,2% (9.478) previo a la llegada de Andrew.

Mexicanos y cubanos son los más numerosos, con más de 9.000 residentes de cada una de esas nacionalidades. Les siguen los puertorriqueños con poco más de 5.000.

A medida que crecía la población, el porcentaje de gente dedicada a tareas agrícolas disminuyó y para el 2010 la mayor parte de la fuerza laboral se desempeñaba en los campos de la educación y la salud.

Esa dinámica se percibe también entre los hispanos.

Jonathan Fried, de la organización comunal WeCare of South Dade, que trabaja mucho con peones del campo de Homestead, dice que ahora hay muchos más viveros, cuyos trabajadores viven en la ciudad todo el año y no se mudan en busca de cosechas.

"Quedan pocos trabajadores temporales. Buscan empleos para todo el año. La gente ya casi no se va de un lugar. Esto se empezó a dar antes del huracán y la tendencia se acentuó desde entonces", expresó Fried.

"Es como cualquier otra inmigración. Vienen a sitios donde conocen gente", añadió.

El crecimiento es notable si se toma en cuenta que esta comunidad quedó destruida por el paso de Andrew a fines de agosto de 1992, cuando el temporal tomó por sorpresa al sur de la Florida, una zona donde no había habido huracanes por un cuarto de siglo. Los meteorólogos, por otro lado, no pronosticaron que el huracán alcanzaría rápidamente la categoría 5.

El alcalde Steven Bateman dice que la ciudad está hoy mucho mejor preparada para resistir un huracán y que el temporal pasó a la historia.

"Hace cinco años" que dejó de ser una ciudad que se recuperaba del huracán, sostuvo el funcionario.

"Duplicamos nuestro tamaño, estamos sobreviviendo a la desaceleración de la economía, está a punto de abrir nuestro segundo hotel grande y el tróley funciona seis días a la semana", manifestó Bateman. "Estamos progresando".

Cuando Andrew tocó tierra en la mañana del 24 de agosto de 1992, destruyó el 80% de las viviendas de Homestead, incluidas casi todas las casas rodantes. La Base de la Fuerza Aérea de Homestead, que era el corazón económico y cívico de la ciudad, fue arrasada.

Las fotografías tomadas luego del huracán muestran enormes destrozos, ambulancias volcadas, casas sin techo ni paredes. Decenas de personas murieron en la Florida y cerca de un cuarto de millón quedaron en la calle. Los daños fueron calculados en 30.000 millones de dólares.

"Tuvimos una fiesta esa noche, como era tan común antes de Andrew", relata Steve Garrison, quien en 1992 acababa de jubilarse como jefe de la policía de una municipalidad vecina para trabajar en un vivero de Homestead. "La gente ponía cintas en las ventanas o láminas de madera terciada y pensamos que estábamos protegidos. Resultó que no servían para nada".

Luego de que sus invitados se habían ido, Garrison y su familia fueron despertados por el ruido que generaba el viento al volarse el techo de la vivienda. La familia se encerró en un armario y Garrison colocó un colchón contra las puertas.

"Me sentí un idiota por haber expuesto a mi esposa y mis hijos a la devastación del huracán", relató Garrison mientras almorzaba en una renovada Avenida Krome de Homestead.

Ahora no se dejará sorprender. "Al primer indicio de un huracán, nos vamos".

El Insurance Institute for Business & Homes Safety le da a Florida las calificaciones más altas entre los estados donde hay huracanes por los severos códigos de construcción impuestos después del paso de Andrew. Gracias al nuevo código, las autoridades municipales confían en que la ciudad está en mejores condiciones de sobrellevar otro huracán grande pese a tener el doble de viviendas que hace 20 años.

"Creo que Homestead está bien preparada. Nuestro código de construcción está a punto. No quiero ponerlo a prueba, pero resistirá bien" si hay un temporal, afirmó Bateman.

Los bajos precios de los terrenos alimentaron un boom en la construcción en el 2004 y 2005, a pesar de que esos fueron dos de los años que registraron más huracanes, según el alcalde. La agricultura sigue siendo una actividad clave, aún cuando hay cientos de hectáreas cultivables que ahora son ocupadas por viviendas para una sola familia. La base aérea nunca volvió a ser la misma y hoy alberga 250 soldados y 300 empleados civiles, comparado con los 6.000 soldados y 2.000 empleados civiles de 1992.

La ciudad informa continuamente sobre las medidas para combatir huracanes, publicando guías en inglés y español e intercalando información en las cuentas de los servicios públicos. El objetivo es inculcarle a la gente la noción de que hay que acatar cualquier orden de evacuación y cualquier recomendación relacionada con los temporales, de acuerdo con Ed Bowe, coordinador de manejo de emergencias de Homestead.

Las autoridades temen que, a raíz del crecimiento, haya mucha gente que no vivió la tragedia de Andrew y no sea tan proclive a acatar las órdenes que se impartan en caso de otro huracán ni se preparen para hacerle frente.

"Lo que me preocupa es que la gente se olvida y buena parte de nuestra población es nueva, no estuvo aquí durante Andrew", expresó Bowe. "No vivieron eso y no saben de qué se trata. Por eso insisto en que hay que prepararse, prepararse, prepararse. Prepararse para ser un sobreviviente, no una víctima".

Bowe era un agente de la policía de Homestead cuando llegó Andrew y fue a trabajar al día siguiente. El hombre tiene una severa advertencia para quienes no acaten una orden de evacuación.

"Con un marcador negro le escribiríamos el número de su identificación (Social Security) en el brazo", afirma. "Así podemos identificarlo después".

"Cuando les decimos eso se dan cuenta de la gravedad de la situación. '¿Es tan grave el asunto?', preguntan. Si, es grave, de lo contrario no se lo diríamos", agrega Bowe.

Pese a todas las medias, el crecimiento de la población y de la construcción alarma a algunos expertos. Homestead se encuentra entre Miami y los Cayos de la Florida, y el acceso por carreteras sigue siendo limitado y proclive a grandes congestionamientos.

Según el Centro Nacional de Huracanes, 55.000 personas se fueron de los Cayos antes de la llegada de Andrew y se ordenó la evacuación de 517.000 personas en lo que entonces era el condado de Dade.

Hoy viven unos 2,5 millones de personas en el condado de Miami-Dade y unas 73.000 en los Cayos, de acuerdo con el censo. Si se ordenase la evacuación de esas áreas, no está claro cuánto tiempo tomaría, señaló Stephen Leatherman, experto en impacto de huracanes en zonas costeras de la Universidad Internacional de la Florida.

"Estamos en una zona baja, con una población densa, y hay muchas propiedades costosas aquí", indicó.