La primera dama estadounidense, Michelle Obama, arrancó hoy su particular campaña para la reelección del presidente, Barack Obama: lanzó un libro sobre el huerto de la Casa Blanca, concedió entrevistas y desgranó detalles de la vida privada de los inquilinos de la residencia presidencial.

Según la esposa del presidente, los consejos sobre cómo actuar le llegan de todas partes, pero confía en su propio "carácter, valores y visión del país" para encarar la campaña presidencial que se avecina, según declaró hoy la primera dama al diario USA Today.

Michelle Obama reiteró su imagen de mujer ajena a las estrategias del partido, madre de familia, comprometida con la lucha contra la obesidad infantil y que se mantiene en un tercer plano en las decisiones del Ala Oeste de la Casa Blanca.

La esposa de Obama entró así en campaña, confiando en este perfil que ha consolidado durante el mandato demócrata y que le ha dado unos niveles de popularidad mayores a los del propio presidente, según las últimas encuestas.

Una Michelle Obama sonriente y cargando con una cesta llena de verduras del huerto de la Casa Blanca abre el libro de 271 páginas que combina los entresijos de su proyecto contra la obesidad infantil, con recetas saludables, fotografías del proyecto agrícola en la residencia presidencial y anécdotas de la familia.

"Este libro es una manera de hablar acerca de nuestra historia (en la Casa Blanca), pero también de los desafíos que tenemos como nación en torno a la salud", explicó hoy en un programa matinal de la cadena ABC.

El libro, "El crecimiento de América: la historia del huerto de la Casa Blanca y de los huertos a lo largo del país", cuesta 30 dólares y los ingresos se destinarán a una fundación caritativa que contribuye a los parques nacionales del país.

Su apuesta por la caridad y por publicar un libro en campaña electoral no es nueva en el país. Hillary Clinton publicó un proyecto sobre la importancia de las comunidades en la educación de los niños y Laura Bush contribuyó en una obra de dibujos su hija.

A seis meses de la reelección, Michelle Obama parece romper con la imagen de la abogada a quien le costó trasladarse de su Chicago natal al número 1600 de la avenida Pensilvania de Washington.

La primera dama dice haber cambiado su opinión sobre el hogar: "Lo que hemos aprendido con este cambio (de ciudad) es que siempre somos una familia cuando estamos juntos, y eso al final es lo que realmente importa".

Lo que menos echa de menos de Chicago es el difícil invierno del norte de Estados Unidos, y lo que más, pasearse a la orilla del Lago Michigan y salir de restaurantes.

Tanto es así que reconoce haber comido mucho, especialmente pizza de las de base gruesa, en su reciente visita a Chicago durante la Cumbre de la OTAN. "Lo quise hacer todo en un día y me sentó un poco mal", admitió.

Los detalles de la vida diaria han vuelto a hacer presencia hoy en las entrevistas a la primera dama: su preocupación porque sus hijas hagan todos los deberes, una plaga de escarabajos a los pepinos del huerto presidencial y el ritual de los Obama al cenar, por ejemplo.

La cena de los Obama es a las seis y media de la tarde. Brindan antes de empezar y el matrimonio y sus dos hijas se cuentan los logros del día.

"Realmente, antes de llegar a la Casa Blanca, no teníamos tiempo para las cenas familiares", celebró hoy Michelle.