La ONU elevó hoy a 18 millones el número estimado de personas que podrían sufrir este año una crisis alimentaria en la región del Sahel, entre los que hay en torno a un millón de niños que se enfrentan a una "severa desnutrición con un alto riesgo de muerte".

El coordinador humanitario regional para el Sahel de la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), David Gressly, adelantó en conferencia de prensa en Ginebra que la tasa de mortalidad entre los niños afectados por desnutrición severa será "bastante alta" -del 60 %, aproximadamente-, si no se ponen en marcha los programas para combatir la inseguridad alimentaria en la zona.

El pasado mes de febrero la ONU estimó en 12 millones el número de las personas que se verán afectadas por inseguridad alimentaria en 2012.

Gressly recordó que la ONU está llevando a cabo operaciones contra la crisis alimentaria en el territorio del Sahel, comprendido entre nueve Estados africanos: Gambia, Senegal, Mauritania, Mali, Burkina Faso, Chad, Níger, Nigeria y Camerún.

El coordinador para el Sahel señaló que los fondos de los que se dispone actualmente (cerca de 700 millones de dólares) "no son suficientes" para poner en marcha todos los programas, y estimó necesarios en torno a 1.500 millones de dólares para combatir el hambre en el Sahel y mejorar la situación de los refugiados y los desplazados internos de Mali.

Asimismo, opinó que la crisis alimentaria "podría reducirse fácilmente", si bien agregó que el movimiento de personas entre los países afectados -fundamentalmente malienses que huyen de su país por los enfrentamientos armados- supone "un impacto negativo".

Gressly recordó que la de este año es la tercera crisis alimentaria de este tipo en la región desde 2005 y lamentó que este problema se haya convertido en un problema de "naturaleza crónica", al que este año las familias se enfrentan "mientras intentan recuperarse de los anteriores".

Preguntado por la posibilidad de que la situación alimentaria mejore debido al incremento de las precipitaciones proyectado por la Organización Meteorológica Mundial, Gressly respondió que existe "un amplio margen para el optimismo" ya que estas lluvias serán buenas para el año que viene, aunque incidió en que la inseguridad en países como Mali puede tener un efecto negativo.