El colombiano Mauricio Soler, apartado del ciclismo desde su grave caída hace once meses en la Vuelta a Suiza, volvió a visitar, en compañía de Patricia, su esposa, el Hospital de Saint Gallen, en cuya UVI permaneció las tres semanas siguientes al accidente.

El ciclista de Ramiriquí, de 29 años, sufrió una muy grave caída el 16 de junio de 2011 que a punto estuvo de costarle la vida. Era la sexta etapa de la Vuelta a Suiza y marchaba segundo en la general. Fue trasladado al centro hospitalario, donde se le diagnosticó traumatismo craneoencefálico severo con edema cerebral, además de múltiples fracturas y hematomas. A partir de ahí entró 20 días en coma inducido y comenzó una batalla entre la vida y la muerte.

La lucha continuó en Pamplona, donde comenzó la rehabilitación, y desde el pasado mes de diciembre en Colombia. Con fuerzas para volver a la vida, que no al ciclismo, "El Lancero" cumplió con una deuda pendiente desde el pasado verano: regresar al hospital de su salvación, aunque no recuerda nada de lo que le vivió allí.

"No queríamos arrepentirnos dentro de un tiempo por no haber regresado a ese hospital. Fue muy emotivo, muy especial. Mauricio sólo había visto a los doctores y al personal en alguna foto, pero sentía que esas voces no le eran ajenas, las notaba como algo familiar. Ellos también estaban muy emocionados y agradecidos por la visita, porque no es normal que los pacientes regresen allí. Eran grandes aficionados al ciclismo y siempre han estado pendientes de su evolución", comenta Patricia, la mujer de Mauricio.

La recuperación de Soler, en buen estado físico después de sufrir innumerables lesiones y fracturas, ha sorprendido a los médicos que le atendieron en aquellos fatídicos momentos, según refleja un comunicado del Movistar.

"Ellos también están asombrados con la evolución. A Mauricio todavía le quedan muchos pasos por mejorar, pero es increíble recordar cómo estaba hace once meses. Ha sido una experiencia indescriptible regresar allí, el lugar desde donde prácticamente tuvo que empezar de nuevo a hablar, a caminar", recuerda Patricia.

Después de visitar Saint Gallen, donde Soler se dejó "un pedazo de su vida", el excorredor del Movistar visitó también Herisau, a unos quince minutos de allí, donde trabaja Viviana, "una doctora colombiana que nos ayudó mucho en aquellos momentos, y también "fue un reencuentro muy emotivo".

Soler y Patricia se encuentran desde el pasado 10 de abril en Pamplona, donde Mauricio ha pasado diferentes exámenes y se encuentra a la espera de la citación del tribunal médico que debe evaluar el estado de sus lesiones.

Tras cuatro meses de duro trabajo en la Clínica La Sabana de Chía (Bogotá), Soler continúa en tierras navarras con su recuperación, en jornadas de cinco y seis horas en la Clínica CUN de Pamplona antes de disfrutar durante las últimas semanas de la que sigue siendo su gran pasión: el ciclismo.

"Cuando salíamos de rehabilitación a las 4 de la tarde, aunque tuviéramos que hacer la compra o cualquier cosa, él me decía que ya lo haríamos después, que tenía que ver la retransmisión del Giro de Italia", comenta Patricia.

Soler "ha disfrutado mucho viendo la carrera que han hecho sus compañeros de equipo y está muy orgulloso de que se sigan acordando de él cuando logran victorias", sobre todo con sus compatriotas Rogoberto Urán, mejor ciclista joven del Giro y Sergio Henao, ambos del equipo británico del Sky, vecinos en Pamplona cuando la pareja está en España.

Pese a la cara factura que ha pagado Soler en el ciclismo, el colombiano no muestra reproche alguno hacia el mundo que ha marcado su vida.

"Mauricio dice que es una pena haberse tenido que bajar de la bicicleta así, pero que el ciclismo también se puede disfrutar de otra manera. Nadie le ha escuchado una mala palabra hacia este deporte. Para él lo más grande es poder estar vivo y disfrutar de su hijo. No todo ha sido malo, porque todo esto le ha servido para ver el cariño que le ha demostrado tanta y tanta gente", concluyó Patricia.