El belga Thomas de Gendt presentó sus credenciales como candidato al triunfo final del Giro al ganar en la cima del Stelvio con 3:23 de ventaja sobre el líder, el español Joaquim Rodríguez, cuarto en la meta, que a su vez obtuvo 13 segundos sobre el canadiense Ryder Hesjedal, sexto.

Purito dispondrá mañana de 31 segundos, uno por cada kilómetro en la contrarreloj final del Giro, cuyo podio definitivo permanece todavía muy abierto en vísperas de su conclusión.

En su tercer año como profesional, De Gendt, de 25 años, logró el mayor éxito de su carrera, cruzando victorioso bajo la pancarta después de 6h54:41 minutos de cabalgada. El italiano Damiano Cunego llegó después, a 56 segundos, seguido de dos españoles: Mikel Nieve y Purito Rodríguez, que sólo se atrevió a retar a Hesjedal en el último kilómetro.

Las duras rampas del Stelvio condujeron a la meta de la vigésima y penúltima etapa del Giro, de 219 kilómetros con dos cumbres carismáticas en el trayecto: el Mortirolo y el Stelvio, la cima Coppi de la ronda italiana.

La etapa reina tenía tres puertos más: el Tonale, de 15,1 kilómetros al 6,1 por ciento de desnivel; el Aprica (15,9 km al 3,1) y el Teglio (5,9 km al 8), pero ninguno comparable con el Mortirolo (11,4 km al 10,5), pese a que se ascendía por la vertiente menos dura, y el Stelvio, 21 kilómetros con rampas del 12 por ciento y la cima a 2.757 metros de altitud.

Veinte kilómetros transcurrieron hasta que se constituyó una escapada con Christian Vande Velde (Garmin), Roman Kreuziger (Astana), Damiano Caruso (Liquigas), Emanuele Sella (Androni), Branislaw Samoilau (Movistar), Mathieu Perget (Ag2r), Oliver Zaugg (RadioShack), Stefan Denifl (Vacansoleil, Mathias Frank (BMC), Matteo Bono (Lampre), Alexander Kristoff (Katusha), Tom Slagter (Rabobank) y Matteo Rabottini (Farnese).

A 65 km. de meta, en la base del Mortirolo, la ventaja de los fugados, que llegó a rozar los seis minutos, estaba por debajo de los cuatro con respecto a un pelotón del que tiraban Liquigas, Lampre y Garmin.

Consciente de que su renta de 17 segundos sobre Hesjedal era claramente insuficiente con miras a la contrarreloj final de mañana, Purito Rodríguez tanteó a sus rivales en las rampas del Mortirolo, pero el canadiense, igual que Michele Scarponi e Ivan Basso, respondieron sin problemas.

La escapada se había ido desgranando hasta reducirse a siete, incluidos el costarricense Andrei Amador (Movistar), los españoles del Euskaltel Mikel Nieve y Jon Izagirre, el italiano Damiano Cunego (Lampre) y el belga Thomas de Gendt, que tenían cuatro minutos de margen sobre el grupo del líder a 30 km. de la llegada.

Cinco fugados -Amador, Nieve, Cunego, De Gendt y Tanel Kangert- llegaron a la base del Stelvio, a 19 de meta, con 3:40 de ventaja y, por tanto, con opciones reales de jugarse la victoria de etapa en una cumbre emblemática.

En el paquete de favoritos, Hesjedal controlaba arriba con su coequipier Christian Vande Velde, cuyo ritmo redujo el grupo a una docena, a 16 km. de meta, mientras en la fuga Nieve, De Gendt y Cunego dejaban atrás a sus compañeros de aventura, conservando su ventaja sobre la maglia rosa en torno a los 3:40.

A 13 km. de meta De Gendt, que era octavo en la general a 5:40 del líder, se quedó solo en cabeza con una renta de 4:51 para afrontar los diez últimos kilómetros hasta la cumbre.

La calma seguía reinando entre los favoritos, de forma que la renta del belga fue aumentando hasta situarle a cuatro segundos del liderato virtual a 6,6 kilómetros de la llegada.

Alertados de la amenaza, los favoritos despertaron y al cambio de ritmo impuesto primero por el colombiano Sergio Henao (Sky) y luego por el propio Hesjedal, la diferencia del fugado comenzó a bajar aunque le garantizaba el triunfo de etapa, ya que su perseguidor Cunego seguía perdiendo terreno.

El francés John Gadret -séptimo en la general a 5:36- atacó a 5 km. de meta pero Hesjedal tiró para darle caza.

Quedaban tres kilómetros a un desnivel medio del 8 por ciento. Entre las nieves del Stelvio atacó Scarponi, que dejó clavados a Hesjedal y Purito Rodríguez, pero el líder no había dicho su última palabra: esperó hasta el último para dar un pequeño zarpazo de 13 segundos que eleva su renta a 31 para afrontar la contrarreloj decisiva en las calles de Milán.