El partido oficialista Rusia Unida (RU), elige hoy como nuevo presidente al primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, quien ha prometido democratizar a esa formación.

El presidente ruso y actual líder de RU, Vladímir Putin, cederá la dirección a Medvédev, quien hasta ahora nunca había pertenecido a un partido político.

"Llevaremos el partido a un nivel de democracia interna que no existe en ninguna otra formación política actual", aseguró Medvédev durante la primera jornada del congreso federal de RU.

Según las agencias locales, los casi 700 delegados congregados en las inmediaciones del Kremlin abordarán las propuestas de reforma presentadas el viernes por el que será su nuevo líder.

Medvédev propuso la elección por medio de votación directa y secreta de los dirigentes locales y regionales del partido, y limitar sus mandatos a cinco años, es decir, la duración de la legislatura parlamentaria.

Además, planteó la renovación anual de un mínimo del 10 % de los miembros de los consejos políticos del partido a nivel central y municipal.

El primer ministro también abogó por la futura elección del presidente de la Duma o Cámara de diputados, en caso de que RU logre la mayoría constitucional, a través de unas primarias en el seno del partido.

Medvédev, quien ingresó esta semana formalmente en el partido, encabezó las listas de RU durante las elecciones parlamentarias de diciembre pasado, lo que no evitó que éste perdiera más de doce millones de votos.

RU salió muy mal parada de los comicios legislativos en los que la oposición denunció el fraude oficialista y organizó las mayores protestas antigubernamentales desde la caída de la Unión Soviética.

Medvédev quiere que el partido se apoye en la "gente sencilla" con el fin de mejorar su imagen de plataforma de ascenso social para burócratas corruptos y arribistas que ha cuajado entre la mayoría de la población.

Con este traspaso en la dirección del partido del Kremlin se completa el reparto de poder entre Putin y Medvédev, cuyo enroque entre la Presidencia y el Gobierno ha sido muy criticado por la oposición y por las cancillerías occidentales.