El Estadio Olímpico de Londres está listo, con una pista impecable, un césped bien cuidado y filas de relucientes asientos para unos 80.000 personales. Pero falta algo.

¿Dónde está el pebetero en el que arderá la llama olímpica?

Los organizadores usualmente se guardan los detalles sobre la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos, incluyendo el encendido del pebetero, para que haya algo de suspenso antes de la inauguración. Pero usualmente hay alguna estructura que indica dónde arderá la llama durante la justa.

Hay una torre contigua al Estadio Olímpico que podría resolver el misterio, la ArcelorMittal Orbit, una escultura roja de acero retorcido que parece una montaña rusa enredada. Pero los dirigentes olímpicos aseguran que esta estructura no será el pebetero.

"No, no es el pebetero", dijo Peter Tudor, director de las instalaciones de la Corporación del Legado del Parque Olímpico. "Lo sabría si hubiese una tubería de gas adentro".

Si no es allí, ¿entonces dónde? La pregunta se ha convertido en uno de los grandes misterios de la inauguración.

En los juegos ancestrales, los griegos encendían un fuego para honrar a Prometeo y su robo del fuego del dios Zeus. En los Juegos de 1928 en Amsterdam se encendió el pebetero, aunque nadie está seguro sobre cómo sucedió, dijo Bill Mallon, cofundador de la sociedad internacional de la historia olímpica.

Pero el fuego se convirtió en un símbolo importante en los Juegos de 1936 en Berlín, organizados por el régimen Nazi. Al organizador Carl Diem se le ocurrió la idea de comenzar un relevo desde Olimpia, en Grecia, y así comenzó esta tradición.

El portador de la antorcha, Fritz Schilgen, fue elegido para encender el pebetero porque era un hombre apuesto, una situación que se repitió en 1948 cuando John Mark fue el encargado de encenderlo en Londres.

Mallon dijo que el encendido del pebetero se convirtió en un momento trascendental en los Juegos de 1952 en Helsinki. Allí, Paavo Nurmi, uno de los mejores fondistas en la historia, entró con la antorcha al estadio y Hannes Kolehmainen, otro fondista finlandés que compitió en 1912 y 1920, encendió el pebetero. La combinación de dos figuras locales y el fuego se convirtió en una tradición.

Después de eso, los organizadores de los Juegos Olímpicos se encargaron de que el encendido del pebetero fuera todo un acontecimiento. Algunos de los mejores momentos:

— Un arquero encendió el pebetero en 1992 en Barcelona con una flecha encendida.

— En 1996 en Atlanta, Muhammad Alí sostuvo la antorcha y encendió el pebetero con su mano temblorosa por el Parkinson.

— En 2000 en Sydney, la corredora Cathy Freeman prendió un círculo de fuego en una piscina de agua.