La contratación del imprevisible Diego Maradona para que dirija en Dubai fue un riesgo calculado que corrió el club Al Wasl.

En un país donde una persona puede ser arrestada por beber alcohol en público o hacer gestos groseros, alguien como Maradona, con su historial de consumo de drogas y alcohol y su tendencia a generar controversias y escándalos, fue una elección curiosa.

"Tiene su historia y se sabe que es irritable", comentó Carlo Nohra, quien dirigió la liga antes de hacerse cargo del club Al Ain. "El riesgo era que el impacto de su contratación se diluiría con el tiempo y que estallase por cualquier cosa. Se hubiera ido y el fútbol de los Emiratos hubiera estado nuevamente en el candelero por cosas negativas".

Sin embargo, cumplido el primero de los dos años de contrato de Maradona, la apuesta parece haber sido un éxito para Al Wasl.

El artífice de la conquista de la Copa Mundial de 1986 por parte de Argentina, considerado uno de los mejores jugadores de la historia, sigue en el club y no ha protagonizado escándalos mayores.

Maradona sí puso a prueba la paciencia del club, criticando a sus propietarios, discutiendo con un técnico rival y en un incidente en el que pateó a un aficionado de Al Wasl. Pero al mismo tiempo atrae multitudes en todo el Golfo y puso a Al Wasl en el mapa internacional.

"A veces la gente viene a verlo a él, no a Al Wasl", expresó Cosmin Olariou, técnico del campeón Al Ain y quien no se lleva bien con el argentino. "En todo el mundo nos prestan atención porque él genera interés".

Maradona no parecía ningún salvador cuando vino a los Emiratos para negociar con Al Wasl.

Sin afeitar, excedido de peso y vestido como turista, parecía un técnico sin trabajo que trata de empezar de nuevo. Como técnico no había mostrado las mismas aptitudes que como jugador y fue despedido de la selección argentina tras una humillante derrota 4-0 ante Alemania en los cuartos de final de la Copa Mundial del 2010.

A la multitud que fue a la cancha en su presentación, no obstante, nada de eso pareció importarle. Lo asediaron y corearon su nombre mientras dirigía su primer entrenamiento. El les tiró besos. Cuando fue a un centro comercial de Dubai para comprarle un regalo de cumpleaños a una de sus hijas, se congregó una muchedumbre tan grande que el personal de seguridad tuvo que llevarlo a una tienda de Prada para su protección.

Al poco tiempo Maradona ya estaba haciendo de las suyas, criticando a los dirigentes y haciendo grandes predicciones.

"Hoy siento el mismo desafío que sentí dirigiendo a la selección", expresó con una sonrisa socarrona. "Si trabajamos fuerte con un equipo bueno, podemos hacer historia".

Maradona logró su primera victoria en su segundo partido, pero el éxito pasó a segundo plano ante un incidente que protagonizó como consecuencia de su fuerte temperamento. Tuvo que disculparse por pegarle una patada en una mano a un aficionado que interfería constantemente cuando trataba de tomarse una foto frente a un cartel de su nieto Benjamín.

Luego de un duro revés ante Al Ain, Maradona acusó a Olariou de faltarle el respeto por la forma en que festejó un gol. El técnico rumano respondió diciendo que el argentino no tenía las "ideas claras".

"El técnico de Al Ain no parece entender mucho de fútbol. Eso se hizo evidente por la forma en que festejó el gol. Fue muy provocativa", declaró Maradona. "Lo que hizo es una vergüenza y no lo olvidaré".

En otro encuentro, Maradona se abalanzó hacia las tribunas para encarar a aficionados de Al Shabab que se burlaban de su compañera Verónica Ojeda y de las esposas de varios jugadores. El personal de seguridad tuvo que contenerlo. Posteriormente el argentino dijo que los aficionados eran unos "cobardes" por molestar a las mujeres.

El episodio hizo que los aficionados de Al Wasl se encariñasen más todavía con él, que renovó el entusiasmo en un club que no ganaba nada desde hacía cuatro años.

Con sus aros de diamantes en ambas orejas, sus camisetas negras y amarillas de Al Wasl y sus pantalonetas holgadas, es imposible que Maradona pase inadvertido al costado de la cancha durante los partidos.

"Maradona le viene bien a Al Wasl y Al Wasl le viene bien a Maradona", manifestó Safwan Abdulrahman, un aficionado de 24 años vestido de pies a cabeza con el uniforme de Al Wasl, incluida una peluca amarilla, mientras señalaba hacia las tribunas, repletas de gente. "La mayoría de esas personas están aquí por Maradona".

Los hinchas apelan a las cosas más extravagantes para mostrar su cariño por el argentino: uno le regaló un Ferrari y otro le pagó un viaje en un jet privado para que asistiese a un partido del Manchester City, donde juega el yerno de Maradona, Sergio Agüero.

Su celebridad es tal que pocos le cayeron encima cuando su equipo terminó octavo en una liga de 12 clubes.

"No soy mago", expresó Maradona tras una reciente derrota, dando a entender nuevamente que no tiene jugadores de calidad.

Fuera del terreno de juego, Maradona ha pasado mayormente inadvertido y permanece buena parte de su tiempo encerrado en su mansión, en marcado contraste con los viejos días de consumo de cocaína y episodios como uno en el que le disparó balines de aire comprimido a unos periodistas apostados afuera de su casa.

Da la impresión de que lo único que le importa es el fútbol y desecha oportunidades de ganar buen dinero con presentaciones publicitarias. El club dice que su presencia se ha traducido en un marcado aumento en la cantidad de público que presencia los partidos y en la llegada de dos nuevos auspiciadores.

Parece más apegado que nunca a su familia, sobre todo desde la muerte de su madre en noviembre. Regresó del funeral destruído y se puso a llorar luego de una victoria. Habla constantemente de sus nietos y tiene un tatuaje de uno de ellos, Benjamín, en el brazo derecho. Luce dos relojes, uno con la hora local y otro con la hora de Gran Bretaña, donde viven su hija y su nieto.

Su insistencia en que quiere pasar más tiempo con sus nietos alimenta especulaciones de que no terminará su contrato. Esa sensación aumentó a la luz de sus renovadas críticas a la falta de talento y a las promesas incumplidas del club en cuanto a la compra de jugadores.

"Me iré si no me traen los jugadores que quiero", amenazó el mes pasado. "Si no puedo competir, no hay razón para que siga. Después de 31 años en este medio, tal vez haya llegado el momento de que haga otra cosa y me dedique más a mi nieto".

Pero cuando parecía que estaba a punto de irse, Maradona cambió de parecer y dijo hace poco que cumplirá su contrato.

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Michael Casey está en Twitter como https://twitter.com/mcasey1