Un hispano que confesó haber asfixiado a un niño de 6 años que desapareció en 1979 fue arrestado el jueves bajo cargo de asesinato, dijo la Policía, en el primer arresto del caso que movilizó la voluntad pública para difundir cuando desaparecen menores de edad y poner sus fotos en cartones de leche.

Pedro Hernández, de 51 años, fue acusado del asesinato de Etan Patz, quien desapareció camino a la escuela en su barrio en el bajo Manhattan, dijo el comisionado de Policía Raymond Kelly.

Hernández, que trabajaba en un comercio cerca del apartamento de Patz, confesó tras horas de interrogatorios de la Policía, dijo Kelly. El comisionado agregó que Hernández le dijo a la Policía que atrajo al niño a la tienda en que trabajaba, con promesas de darle una soda, tras lo cual lo llevó al sótano y lo asfixió.

"El mostró remordimiento y pienso que los detectives sintieron que había alivio de su parte", dijo Kelly. "Creemos que él es el individuo responsable del crimen".

Hernández confesó que asfixió al niño, después colocó el cadáver en una caja, caminó por la calle y dejó la caja en un callejón, dijo un primer policía. Nunca se recuperó el cuerpo.

Las autoridades son inundadas usualmente por confesiones y pistas falsas y posibles avistamientos cuando se acerca el aniversario de la desaparición de Etan. El caso hizo que se creara el Día Nacional de los Niños Desaparecidos por proclama presidencial en 1983.

La Policía centró su atención en Hernández luego que otras pistas surgiesen y no llevasen a ninguna parte,

Durante casi todo el último decenio, las investigaciones se centraron en José Ramos, un pederasta convicto y actualmente en prisión en Pensilvania. En el 2000, las autoridades excavaron el antiguo sótano de Ramos en Manhattan, pero no encontraron nada.

La versión de Hernández no está vinculada con la búsqueda en un sótano de Manhattan en abril, que tampoco arrojó pistas.

Hernández vive actualmente en Maple Shade, Nueva Jersey, con su esposa y una hija que asiste a la universidad.

Etan desapareció el 25 de mayo de 1979 cuando caminaba solo por primera vez a la parada del autobús escolar, a dos cuadras de su hogar, en el vecindario SoHo de Nueva York.

Sus padres, Stan y Julie Patz, no quisieron mudarse ni cambiar su número telefónico en caso de que su hijo tratase de comunicarse con ellos. Todavía viven en el mismo departamento y han soportado décadas de pistas falsas y ausencia de pruebas.

No respondieron un mensaje en que se les solicitó una declaración.

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