La camiseta blanca de Rafael Nadal se manchó de motas color marrón y sus medias blancas se llenaron de arcilla durante una sesión de entrenamiento el jueves en la cancha Philippe Chatrier.

Mientras Nadal se paseaba por su superficie favorita, en su estadio favorito, en su torneo favorito, una imagen del resplandeciente trofeo del Abierto de Francia giraba en una pantalla montada en lo alto. Bajo la mirada acuciosa de su entrenador, y enfocado plenamente en su trabajo, el tenista español nunca le prestó atención a esa foto. No hay necesidad: debe tener todos los detalles del trofeo bien memorizados.

Cuando el viernes se presente el sorteo de los participantes del segundo Grand Slam del año, mucha de la atención estará puesta en los recorridos que harán dos hombres: Nadal, quien busca su séptimo triunfo del Abierto de Francia, y Novak Djokovic, quien trata de convertirse en el tercer hombre en la historia en ganar cuatro Grand Slams consecutivos.

Dado que las llaves se definen con base en el escalafón mundial, Nadal será el segundo preclasificado y Djokovic el primero. El único lugar donde pueden cruzarse sería en la final del 10 de junio, y es lo que muchos esperan que ocurra.

Al ganar sus dos cotejos recientes en finales sobre arcilla, Nadal rompió una racha de siete derrotas contra el serbio, incluidos tres encuentros en finales de Grand Slam, y se llena de confianza en la superficie que ha dominado desde 2005.

"(Nadal) siempre es el favorito, aun si le he ganado siete veces", dijo Djokovic luego de perder frente a Nadal en el Masters de Roma el lunes. "Es el mejor jugador del mundo en esta superficie".

Entre los jugadores activos, eso es indiscutible.

Y Nadal bien podría ser también el mejor de la historia en arcilla. Desde el 2005, lleva marca de 220-9, un porcentaje de victorias de .961. Eso no sólo incluye sus seis campeonatos en Roland Garros, sino también sus seis títulos en el Masters de Roma, siete en el Abierto de Barcelona y ocho en el Masters de Montecarlo.

"Con suerte seguiré jugando así", dijo Nadal luego de su victoria por 7-5, 6-3 sobre Djokovic en Roma.

"Cuando pierdes", manifestó Nadal en referencia a los problemas que sufre contra Djokovic, "juegas con dudas".

Pero eso no debe ser un problema cuando comience el torneo el domingo en París.

Nadal se siente completamente cómodo en la arcilla roja, sin los problemas que tuvo en la arcilla azul en el Masters de Madrid este mes, en el que fue superado por su compatriota Fernando Verdasco en su segundo encuentro.

"Estoy tratando de jugar con más agresividad", dijo Nadal.

En el entrenamiento del jueves, estragó la arcilla, dejando marcas en la superficie al barrerse para pegarle a la pelota. Pasó mucho tiempo trabajando en su servicio, que solía ser un punto débil pero que se ha ido convirtiendo en una fortaleza. En lo que va de la temporada, Nadal se ubica en el quinto sitio del circuito de la ATP, ganando 88% de sus games con servicio. Los cuatro hombres adelante de él son: Roger Federer, poseedor de un récord de 16 títulos de Grand Slam, y tres de sacadores más fuertes: Milos Raonic, el argentino Juan Martín del Potro y John Isner.

Ese éxito con el servicio ayuda a Nadal a conseguir ese punto extra — o un game fácil — en todas partes, haciéndolo aún más difícil para oponentes que ya tienen que lidiar con sus magníficas devoluciones, su férreo juego defensivo y su excelencia para pasar de la defensiva a la ofensiva en la línea.

"Para mí, es ya el mejor jugador sobre arcilla en la historia. Para mí, lo que busca es superar a Roger, y generar debate sobre si es el mejor de todos los tiempos y el más grande de esta era", dijo Patrick MacEnroe, ex capitán de Estados Unidos en Copa Davis y analista de ESPN. "Y si no fuera por un sujeto llamado Djokovic, estaría muy cerca de eso".

Claramente, Nadal es magnífico sin importar en qué tipo de cancha juegue. Ha ganado 10 títulos de torneos grandes y, al igual que Federer, es uno de sólo siete hombres con un Grand Slam en su haber.

Djokovic se puede unir a ese club exclusivo en poco más de dos semanas. Aunque no lleva una marca tan impecable como al inicio de 2011, cuando estaba invicto en 41 partidos antes de perder ante Federer en las semifinales del Abierto de Francia, Djokovic ha sido lo bastante bueno para mantenerse en lo alto del ranking.

Lleva marca de 30-5 con dos títulos, incluida su victoria sobre Nadal en la final de casi seis horas del Abierto de Australia. Djokovic nunca ha pasado de semifinales en Roland Garros, pero si logra ganar siete partidos en París, será el primer hombre desde que Rod Laver logró un auténtico Grand Slam en 1969 (el australiano también lo hizo en 1962) en conseguir cuatro majors al hilo.

Djokovic no suena como si la búsqueda fuera un reto intimidante.

"Las expectativas y la presión son parte del deporte profesional, y esto es algo a lo que te acostumbras", dijo Djokovic, "pero creo que tengo suficiente experiencia para saber cómo buscar un Grand Slam".

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El redactor de AP Andrew Dampf, en Roma, contribuyó a este despacho.

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