Jaime Rosales presentó hoy en Cannes "Sueño y Silencio", una sutil historia sobre el valor de la vida a través de la tragedia, sobre las emociones y sobre "la dimensión trascendente" del ser humano.

Proyectada en la Quincena de Realizadores, sección paralela al Festival de Cannes, "Sueño y Silencio" es una historia que tiene algo "que ver con la dimensión espiritual del ser humano" y que lo transmite en términos de cotidianeidad y en torno a la familia, explicó Rosales en una entrevista con Efe.

Una película que pasó por diferentes fases y que al final lo que deja en el espectador es "la idea de la huella, de la vida, del valor de la vida, de la emoción".

Yolanda y Oriol son una pareja española que vive en Francia. Él es arquitecto y ella profesora. Tienen dos hijas y su vida transcurre en la normalidad de cualquier otra persona. Hasta que un accidente lo cambia todo.

Actores "amateurs" a los que el director apenas contó nada de la historia y en los que buscaba improvisación, espontaneidad y veracidad.

"Para mí es fundamental el 'casting' y las localizaciones, elegir el espacio y elegir a las personas".

Y para su cuarta película Rosales buscaba "personas que, aparte de una cierta facilidad para interpretar y para improvisar, una facilidad natural, también tuvieran una personalidad" que le fuera atractiva.

Personas con "varias capas interesantes" porque su intención no era construir personajes, si no dejar que "se fueran desarrollando delante de la cámara".

Para conseguirlo, el director pasó mucho tiempo junto a los actores, hablando de sus vidas e integrando elementos reales en la ficción. Así conseguía su confianza, elemento indispensable para su forma de rodar, con una toma única.

"Es sorprendente luego lo que te dan, los diálogos surgiendo de ellos son extraordinarios, mucho más ricos", cosas que ni el mejor guionista podría escribir.

Una historia dramática, en la que se produce un accidente de coche y la muerte de uno de los personajes, todo ello contado con una enorme sutileza a la vez de con una naturalidad que desarma.

Una historia rodada en un expresivo blanco y negro, una decisión "puramente estética" porque le da "una materialidad a la imagen, le da un realismo, una belleza del grano que todo lo que ha ocurrido está ahí, le da una verdad".

Apenas un par de escenas de color, entre ellas unos preciosos e hipnóticos prólogo y epílogo a cargo de Miquel Barceló, al que se muestra en pleno proceso de creación a la acuarela.

"Es impresionante la facilidad, el gesto, cómo lo hace todo", explicó Rosales, que contó con la colaboración del artista casi desde el inicio del proyecto.

La dificultad estuvo en encontrar la manera de hacer compatible un proceso extensivo como es el de la pintura con uno intensivo como es el del cine. Y en dirigirlo a él como si fuera un actor, diciéndole hacia dónde ir pero sin precisarle todo lo que tenía que hacer.

Una película difícil de ver y no destinada al gran público, como pasa con las historias de Rosales, personales y de autor, como "La soledad" o "Tiro en la nunca".

"Saldremos con una quincena de copias en España -donde el filme se estrena el 8 de junio- y estoy encantado. Si la van a ver 50.000 espectadores me parece un regalo, si la van a ver 100.000 me parece increíble y si son más ya ni te cuento, pero si son menos me parece que tampoco es una tragedia".

Alicia García de Francisco

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