En Perú, Ecuador y Panamá los indígenas rechazan millonarias operaciones mineras por temor a la contaminación ambiental. En Bolivia, en cambio, las comunidades nativas invaden pequeñas minas para explotarlas atraídas por los buenos precios de los minerales.

Cerca de 70 campamentos mineros independientes fueron tomados por la fuerza en el último año por indígenas y campesinos que alegan ser dueños del territorio, dijo a The Associated Press Albino García, presidente de la Federación Nacional de Cooperativas Mineras.

"El interés de las comunidades ha despertado por la subida de precios de los minerales", explicó.

Agregó que los mineros independientes son "víctimas" de las comunidades indígenas. "Los comunarios esperan que los mineros abramos caminos, montemos el campamento y cuando comienzan las operaciones nos expulsan", sostuvo García.

También empresas privadas han sido invadidas aunque ninguna transnacional. El caso paradigmático es el de Mina Himalaya en La Paz, perteneciente a empresarios bolivianos, tomada hace siete años por comunidades indígenas y mineros independientes.

El gobierno se ha mostrado impotente para frenar el avasallamiento. En una ocasión los policías fueron despojados de sus armas cuando pretendían expulsar a los invasores con una orden judicial.

"No es evidente que el interés sea defenderse de la contaminación o defender los recursos del Estado... lo que están haciendo (las comunidades indígenas) es explotar ilegalmente oro... y lo que más buscan es evitar que el Estado pueda llevar adelante un proyecto de interés nacional", afirmó el ministro de Minería Mario Virreira en conferencia de prensa el lunes.

El último episodio ocurrió la semana pasada cuando aldeas quechuas rivales del sur del país se enfrentaron con puños, palos, piedras y hasta dinamita por los trabajos exploratorios a cargo de la canadiense American Silver.

En la zona denominada Mallku Khota, 440 kilómetros al sur de La Paz, American Silver explora un yacimiento de oro, indio y otros minerales pero no ha podido avanzar por las disputas. Los indígenas amenazan con intervenir el campamento de la empresa si la policía no libera a un hombre acusado de promover los choques.

"Nosotros estamos defendiendo nuestro territorio y a la Pachamana (Madre Tierra) y tenemos que ver que las riquezas beneficien a las comunidades porque siempre hemos visto saqueo", dijo a la AP Félix Becerra, dirigente del indígena Consejo Nacional de Ayllus y Marcas del Qullasuyo a una radio local el martes.

Pero para el antropólogo Milton Eyzaguirre, hay una contradicción entre el culto a la tierra y la avidez por las riquezas minerales.

"Se habla de defender la naturaleza pero sin renunciar a un modelo de desarrollo basado en la explotación de recursos naturales. Estamos cabalgando en dos mundos", dijo a la AP.

La minería es el segundo rubro de exportación después del gas natural y representa 38% de ingresos por ventas al exterior. Las buenas cotizaciones incrementaron las ventas mineras de 1.072 millones de dólares en 2006 a más de 2.000 millones en 2011.

Bolivia es el cuarto productor mundial de estaño, el séptimo de plomo, el noveno de plata, el décimo de zinc y el undécimo de oro.

Centenares de pueblos andinos borrados tras el derrumbe de precios a fines de los 80 han resurgido gracias al auge minero de los últimos años. Más de 100.000 personas trabajan en 1.200 cooperativas con escaso capital y precaria tecnología que son administradas por los mismos mineros.

La mina más grande está controlada por la japonesa Sumitomo, en el sur, con una producción anual de 600.000 toneladas de concentrados de zinc, plomo y plata. También la suiza Glencore tiene importantes inversiones, entre otras. El Estado emplea a más de 5.000 mineros en minas de su propiedad.