María estudió inglés en el Centro Hispano de Greater Danbury por un tiempo, pero dejó de hacerlo porque tenía demasiadas cosas entre manos. Caminaba, tomaba un autobús o le pedía a amigos que la llevasen a las clases.

"Eramos yo, ella, mi hermana y mi hermano menor", comentó Delvin Rodríguez. "Ella lo era todo. El padre, la madre. Tenía dos trabajos. Fue todo muy duro. La admiro mucho. Daría mi vida por ella. Lo hizo todo por mí".

María sabía que irse de la República Dominicana no sería fácil, pero hubiera sido peor quedarse allí y ver a sus hijos crecer entre la pobreza.

"Sabía que allí no teníamos futuro", expresó Delvin. "Se olvidó de sí misma y pensó en nosotros. Se quedó en Estados Unidos, luchó, tomó dos trabajos, todo para enviarnos a la escuela y esas cosas".

Igual que María, Delvin también tuvo que pelear duro para salir adelante en su nueva tierra. Tenía apenas nueve años cuando vino a Estados Unidos y no hablaba inglés. Debió ser fuerte para resistir las tentaciones de la calle.

"Cuando llegamos a principios de los 90, Danbury era un sitio difícil", relata Delvin. "Vivíamos en (el barrio) The Ridge, donde había drogas, balaceras y muchas pandillas. Vi muchos amigos que, uno tras otro, se descarriaban".

La devoción de su madre por su familia es algo que impactó al joven Delvin.

"Le agradezco a ella y agradezco a Dios el haber contado con eso de niño", afirma. "Porque tuve muchas oportunidades de tomar por la senda equivocada".

"Era casi imposible para ella vigilarnos cuando tenía dos trabajos. Hubiéramos podido hacer lo que nos viniese en ganas. Ella jamás se hubiese enterado y nosotros nos podríamos haber metido en muchos líos. Gracias a Dios seguimos por la buena senda. Yo iba al gimnasio y a la escuela".

"Sin ella, yo probablemente estaría preso en algún lado o me habrían deportado y enviado de vuelta a la isla. O tal vez estaría muerto", manifestó Delvin. "Ella no hablaba inglés. No sabía leer ni escribir, pero sabía distinguir entre el bien y el mal. Siempre nos guió".

Poco después de llegar a Danbury a Delvin le nació la pasión del boxeo. El gimnasio fue una especie de refugio para un muchacho que se sentía fuera de lugar en todos lados.

No importaba el idioma que hablaba porque su determinación hablaba por sí misma.

Delvin hizo su primera pelea como amateur a los 10 años y noqueó a su rival. El resto, como dicen, es historia. Completó la secundaria en la Danbury High School en 1998 y al año siguiente se hizo boxeador profesional.

Hace un año, Delvin ayudó a su madre a conseguir la ciudadanía estadounidense, completando un trayecto iniciado hace más de 20 años.

Fue un momento de gran orgullo para una madre que por tantos años antepuso el bienestar de sus hijos al suyo.

"No eran los más ricos, pero les di todo lo que pude y les pasé todos mis valores, que son más importantes que todas las cosas materiales que le puedes dar a un niño", declaró María a través de intérpretes.

A Delvin, que el 2 de junio peleará con Austin Trout por el cetro en California, le inculcó el espíritu de un luchador.

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Información de: The News-Times, http://www.newstimes.com