Miles de profesores y estudiantes marcharon el martes por las calles de las principales ciudades españolas en la culminación de una huelga del sector educativo convocada contra los recientes recortes aprobados por el gobierno.

Los campus universitarios del país amanecieron semivacíos y algunos alumnos colocaron sarcófagos improvisados, queriendo simbolizar la muerte del sistema educativo español.

Un total de 14 de las 17 regiones del país se sumaron a la huelga, la más importante de una serie de movilizaciones dispersas de la comunidad educativa celebradas en los últimos meses.

Los sindicatos calificaron la huelga como un "éxito rotundo" y dijeron que una media del 80% del profesorado no se presentó en su puesto de trabajo. El Ministerio de Educación rebajó a un 19% la participación de docentes y aseguró que la mayoría impartió clase en sus respectivas escuelas.

En Madrid, jóvenes y profesores vestidos con la camiseta verde que está caracterizando las protestas en defensa de la educación pública se manifestaron por el centro de la ciudad para expresar su malestar con las últimas medidas de austeridad.

"Para nosotros, la universidad ha sido siempre un espacio de conocimiento. Ahora se está convertiendo en un lugar para reclutar ejércitos de trabajadores", dijo Andréu Vela, de 21 años, un estudiante de periodismo de la Universidad Complutense de Madrid.

El gobierno del conservador Partido Popular ha puesto en marcha duros planes de ajuste para equilibrar sus cuentas públicas, que se ven amenazadas por la debilidad de la banca y una permanente espada de Damócles sobre la posibilidad de necesitar un rescate financiero por parte de la Unión Europea.

El impacto del presupuesto en el gasto público ha sido enorme, pero los resultados siguen lejos de materializarse. El desempleo afecta ya al 24,4% de la población y entre los menores de 25 años la tasa de desocupación es de un alarmante 52%.

En lo que respecta a educación, el recorte aprobado por el ejecutivo fue de 3.000 millones de euros (3.815 millones de dólares), traducido en una contratación menor de profesores, más alumnos por aula y una subida de las tasas universitarias, entre otras medidas.

"He venido a clase, porque me obligaron mis padres. Pero apoyo esta huelga", explicó Bárbara Bass, una alumna de 17 años de un instituto de secundaria. "La educación ya no va a ser pública. Mis padres, por ejemplo, no se pueden permitir pagar las nuevas tasas universitarias".

"Vamos a acabar todos trabajando en Alemania, pero sin estudiar", agregó.

Horas antes de las marchas de protesta, España celebró otra importante subasta de deuda, consideradas un examen sobre la confianza de los inversores internacionales en la solvencia de España.

El Tesoro colocó deuda a corto plazo por 2.530 millones de euros (3.230 millones de dólares), pero tuvo que pagar un rendimiento más alto.

La venta de bonos canjeables a tres meses alcanzó los 1.510 millones de euros (1.920 millones de dólares) a un interés medio de 0,85%, lo que supone un incremento con respecto del 0,63 de la subasta anterior del mismo tipo efectuada el 24 de abril.

El Tesoro también adjudicó notas a seis meses por 1.020 millones de euros (1.300 millones de dólares) a una tasa de 1,74%, ligeramente superior al 1,58% de la subasta anterior.

A pesar de la subida de intereses, la demanda fue superior a la esperada y España recaudó algo más de lo que tenía inicialmente planeado.