El director mexicano Michel Franco, que ha estrenado en Cannes su últime filme, "Después de Lucía", considera que un realizador está "al servicio de lo que va ocurriendo" y que las películas "encuentran" a sus creadores.

"Creo que las películas te encuentran a ti, que no eres tú quien las buscas", declaró en entrevista con Efe después del buen recibimiento que tuvo su estreno en Cannes, dentro de la sección Una Cierta Mirada.

"Sigo sorprendido por cuánto conmovió la película, eso es lo que más me ha gustado", dijo el joven director (México DF, 1979), quien agregó: "siento que esta vez si logré que la gente se acercara más a los personajes sin caer en el melodrama y en sentimentalismos".

El filme exhibido en el festival cuenta una historia de acoso escolar ("bullying") protagonizada por Alejandra (Tessa Ia) y su padre, Roberto (papel interpretado por Hernán Mendoza) que ciertamente llegó al público que contempló el filme, a juzgar por la larga ovación con que se cerró la proyección.

"Es fácil, cuando tratas temas delicados como estos, caer en el morbo y hay que evitarlo a toda costa, el sensacionalismo, el morbo. Hay que ser bien cuidadoso en ese sentido", dijo el director, que ya estuvo en Cannes con "Daniel y Ana" (2009).

"Lo principal que busco es que la gente encuentre en la película lo mismo que yo al hacerla y que haya una mayor comprensión sobre los temas que abordo y para eso hay que causar una impresión profunda", agregó.

"La película tiene que crecer en el espectador", consideró el realizador, quien opina que "si muestras demasiado el shock es tal que deja de ser interesante".

"Es como el melodrama o el drama manejado, vaya, si el espectador sufre de más creo que ya no piensa, se vuelve un paño de lágrimas", afirmó.

"Para mí parte de lo interesante de la película es la aceptación de la violencia, en este caso del 'bullying'", aclaró el realizador, quien reconoció que "uno ya no entiende nada, sobre cuánto orgullo puede causar el infligir dolor y presumirlo en redes sociales".

Franco, que acaba de terminar otro filme aún por estrenar, "A los ojos", volvió a mencionar como referentes cinematográficos al sueco Ingmar Bergman y al español Luis Buñuel, pero se mostró reacio a dar nombres de contemporáneos que le influyen en su arte.

Y consideró por otro lado que "la influencia del cine de Estados Unidos es perjudicial en todo el mundo. Tú vas al cine en cualquier país y es lo mismo, las carteleras inundadas de películas americanas...".

"Ojo, no tengo nada contra el cine americano, y muchos de mis directores queridos, admirados, son americanos (...) Pero la maquinaria del cine comercial es lo menos interesante que puede haber".

"A mí me gusta entretenerme a veces viendo cualquier tontería pero no podría ver una tontería cada semana o dos veces a la semana, terminaría como un subnormal", agregó.

Y sobre el cine que se hace en México declaró que "de entrada es un país grande, complejo, interesante y con mucha historia, con muchas capas en todos los sentidos y con niveles socioeconómicos que van de un extremo al otro", por lo que se justifica la variedad de su producción cinematográfica.

"De hecho creo que hay poco para el tamaño de país. Hemos vivido la famosa época dorada, que yo no creo que era dorada porque las películas en general eran bien malas. Y ahí está como prueba Buñuel, que destacó cuando hacían películas de mariachis; él hacía cine de verdad".

Cree que, como director, lo "más sano" es "ir paso a paso porque hay que reconocer que cada película que uno hace lo cambia como realizador. Y hay que permitirse hacer la siguiente película a partir de ese cambio".

"La verdad es que tengo suerte porque filmo justo lo que quiero como quiero, ahora puedo decir cuando quiero", dijo antes de admitir que acudió esta vez a Cannes "mucho más relajado" que la vez anterior.

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Javier Alonso