Un militante indonesio conocido como el "Demolition Man" (hombre demolición) debería de pasar el resto de su vida en prisión por ayudar a colocar explosivos en un coche bomba utilizado en el ataque terrorista contra centro nocturna en Bali en 2002, dijeron el lunes los fiscales del caso.

Umar Patek, un importante miembro del grupo Jemaah Islamiyah vinculado a la red de al-Qaida, es el último sospechoso clave en ser enjuiciado por las explosiones que dejaron 202 personas muertas, impulsando a Indonesia a las primeras líneas en la guerra contra el terrorismo.

Muchas de las víctimas eran turistas extranjeros, incluyendo 88 australianos y siete estadounidenses.

El fiscal principal Bambang Suharijadi dijo ante la corte del distrito de Yakarta del Oeste que el miliciano de 45 años debería ser condenado a cadena perpetua. Agregó que Patek era culpable de posesión ilegal de armas, ayudar y ocultar actos terroristas, violaciones migratorias y asesinato premeditado que generó gran número de muertes.

No se prevé un veredicto hasta el mes que viene.

Aún es posible, aunque poco probable, que los jueces decidan sentenciarlo a muerte por fusilamiento. Sin embargo, los analistas esperan que se le sentencie a menos de 20 años en prisión.

Patek, que fue arrestado el año pasado en Pakistán, ha negado haber jugado un papel importante en el ensamblado del carro bomba que fue el mayor explosivo utilizado en el ataque. Ha dicho que ese trabajo fue para los expertos en bombas detrás de Jemaah Islamiyah, Azahari bin Husin y Dulmatin, ambos muertos en redadas policíacas.

El acusado insistió que él estaba en contra de las bombas desde un principio pero no se atrevió a a oponerse. El plan era que, en teoría, vengar las políticas occidentales en los territorios palestinos. Patek dijo que no veía una conexión con la misión original, luchar contra opresores de otros musulmanes, y el objetivo, que fueron turistas de fiesta.

Patek y sus abogados responderán a la sentencia exigida por la fiscalía la próxima semana.