La época de vacas gordas de la que gozaba Argentina parece encaminarse a su fin por la desaceleración de la economía y también, según algunos analistas, a la persistencia de algunas medidas populistas que tanto apoyo electoral le reportaron a la presidenta Cristina Fernández.

Economistas modificaron sus pronósticos de crecimiento para 2012 de entre 3 y 4% a un rango de entre 2,5% y 3%. Algunos creen que comenzó un proceso de recesión o que es muy alta la posibilidad de que se produzca a fines de año.

"El viento de cola se terminó y hay nubarrones; Argentina está más expuesta", dijo a The Associated Press Ramiro Castiñeira, de la consultora Econométrica, que estima un crecimiento de 2,5% en 2012. El analista atribuyó la retracción a factores internos y la crisis externa, que golpearía a una Argentina con en sus flancos más débiles.

Roberto Lavagna, ministro de economía en los años de crecimiento posteriores a la crisis de 2001, durante la presidencia de Néstor Kirchner, afirmó que el modelo económico está haciendo agua y que aunque "todavía hay niveles de consumo", preocupa la fuga de capitales.

"Si (en 2011) se fueron 23.000 millones de dólares que debían haber estado en la inversión, por algo será", dijo a periodistas.

El economista Juan Mario Jorrat, de la Universidad Nacional de Tucumán (norte argentino), indicó en declaraciones recogidas por el diario La Nación que se registró una caída de 2% desde noviembre y que no hay indicadores que muestren que esa tendencia vaya a revertirse.

La economía argentina creció el año pasado a una tasa de 8,9% y un promedio de 7,1% anual entre el 2003 y 2011, a lo que ayudó el alto precio de la soja que vende el país. En su presupuesto, el gobierno calculó un aumento del 5,1% del producto interno bruto en este año, cifra que no ha corregido. El Fondo Monetario Internacional (FMI) dijo a su vez en abril que el crecimiento sería de 4,2% este año.

La presidenta enfatiza que los problemas vienen del exterior.

"Nunca nos caímos del mundo, tenemos el problema de que el mundo se está cayendo sobre nosotros", señaló días atrás para justificar el desempeño de la economía local.

Fernández defiende su modelo "de inclusión social", que le reportó un gran apoyo popular en la reelección de 2011, basado en una política expansionista en los planos fiscal, monetario y salarial.

Algunos subsidios para incrementar el consumo interno se recortaron en los últimos meses, pero no lo suficiente para controlar el gasto, según analistas.

En la desaceleración ha influido la caída de la producción agrícola --Argentina es uno de los principales exportadores de granos --y de la actividad industrial. Brasil, el principal socio comercial, también sufre una desaceleración y ha devaluado el real, lo que perjudica de lleno a su vecino argentino.

La construcción también cayó, según Milagros Gismondi, de la consultora Orlando J. Ferreres y Asociados. También las ventas inmobiliarias --en torno al 15% en la capital desde principios de año-- debido a un mercado más deprimido, indicó a medios de prensa el presidente del Colegio de Escribanos de Buenos Aires, Carlos D' Alessio. Agregó que además está perjudicando en el sector inmobiliario el aumento en los controles oficiales para adquirir dólares (con el fin de evitar su fuga), divisa con que se paga este tipo de operaciones.

María del Carmen Fernández, una abogada que hace tres meses puso en venta un departamento de dos dormitorios en Buenos Aires que pertenecía a un familiar fallecido, comentó su experiencia en el deprimido mercado inmobiliario.

"No va nadie a visitarlo... es una propiedad que se había vendido rápidamente antes, sin problemas. Ahora tengo que afrontar gastos que no están dentro de mi presupuesto", dijo a la AP.

La caída de la compra venta de inmuebles, un sector donde se suelen volcar los ahorros en la divisa estadounidense, se produce desde marzo, cuando debió haber repuntado después del receso del verano austral (enero y febrero), señaló Jorge Safar, gerente de ventas de una de las sucursales de la inmobiliaria OPPEL de Buenos Aires.

"Estamos expectantes, hasta que se despeje la incertidumbre sobre la (restricción a la) adquisición de dólares el mercado está enrarecido... las noticias que vienen del ámbito político no son las ideales", afirmó Safar, quien puntualizó que "el atractivo de la inversión en propiedades no se ha modificado".

Según analistas, la situación no es "muy preocupante", pero urge corregir algunas medidas. Castiñeria indicó que Argentina ya no cuenta con la fortaleza con que afrontó la crisis de 2008, cuando tenía superávit fiscal, comercial, energético y un tipo de cambio competitivo para exportar.

La insolvencia fiscal es uno de los errores que hay que corregir. Argentina cerró el 2011 con un déficit fiscal de en torno al 1,6%, según cifras oficiales.

La crisis energética tuvo una decisiva incidencia en los números rojos, con una política de subsidios en el sector "al punto tal que todo lo que se importa se paga al precio real y se vuelca a la economía en precio subsidiado", dando pérdidas al Estado, dijo Castiñeira. En 2011 las compras de petróleo y gas ascendieron a 3.000 millones de dólares y este año serían por unos 5.000.

"Los problemas empiezan a acumular cierta masa crítica", dijo a AP Fausto Spotorno, de la consultora Orlando Ferreres y Asociados. "La crisis energética, que restringe mucho la capacidad de producción, está generando problemas fiscales, lo que a su vez llevó a controles cambiarios (restricción de la compra de dólares) y a financiar al fisco a través de emision monetaria".

Spotorno dijo que hay que invertir en el sector energético y actualizar los precios regulados.

Otro problema que el gobierno no reconoce públicamente es la creciente inflación. Analistas la calculan en 25% para este año, casi el triple de las mediciones oficiales.

Poco ayuda que la desaceleración se produzca en un contexto de subida de los precios y en el marco de la puja de los sindicatos para recuperar el poder adquisitivo de los salarios. Los sindicalistas no creen en la inflación oficial, sino en "la del supermercado".

Fernández ha pedido moderación a los gremios, cuya actitud combativa va en aumento. Advirtió que esta etapa obliga "a una gran responsabilidad" y señaló que "cuando se arman los barullos, donde todos gritan para ver quién puede conseguir más... los dirigentes se van y los que quedan sin trabajo son los trabajadores". Además instó a las empresas a realizar más inversiones.

Pero economistas señalaron que la política de restricción de las importaciones para limitar la caída del superávit comercial y apuntalar la industria está desalentando la inversión y reduciendo la producción.