Gafas especiales, filtros negros, telescopios y libros sobre el sistema solar invaden estos días la capital de Japón, que se prepara para disfrutar mañana, lunes, de una vista privilegiada del eclipse anular de Sol.

Hacia las 07.30 hora local del lunes (22.30 GMT del domingo) y si el cielo está despejado, Tokio será la mayor metrópolis desde la que se podrá ver el fenómeno, que durará unas dos horas en las que la Luna irá cubriendo el Sol hasta tapar cerca del 94 % de su superficie y dibujar un anillo.

El evento, que en la capital nipona no se repetirá con estas características hasta dentro de unos tres siglos, ha suscitado una gran expectación y llevado a tomar medidas como el cambio de horario de muchos colegios para permitir que los niños lo vean acompañados.

En algunas escuelas donde habitualmente las clases comienzan a las 08.00, la entrada se adelantará una hora para que los pequeños participen en reuniones de observación, mientras que otros colegios en cambio han retrasado su horario para permitir que lo vean con sus familiares.

También se han repartido folletos con recomendaciones que recuerdan que no hay que mirar directamente al sol sin la protección adecuada y describen cómo observar de forma segura el eclipse, que será visible en gran parte del archipiélago nipón.

La llamada "trayectoria de anularidad", es decir, la franja por la que pasará el máximo del eclipse, tendrá unos 321 kilómetros de ancho y atravesará el sureste de Asia por el Océano Pacífico hasta la parte occidental de América del Norte.

En algunas joyerías de Tokio han aprovechado para promocionar la venta de anillos conmemorativos de este eclipse anular, al tiempo que varios establecimientos han sacado a sus escaparates toda una gama de gafas, pantallas negras y telescopios.

"Espero utilizar esto por turnos con mi esposa", explica a la televisión NHK Kunio Fujimori, un jubilado de 73 años, que enseña un tubo de cartón construido por él mismo que, colocado en la posición adecuada, permitirá ver la sombra del eclipse reflejado sobre una superficie lisa.

Aunque todo el proceso durará dos horas, si las condiciones meteorológicas lo permiten la fase anular se podrá ver en Tokio durante cinco minutos.

La última vez que un fenómeno de este tipo se pudo ver en la capital nipona fue hace 173 años, en septiembre de 1839.