Reforestar el fin del mundo es la difícil misión que se impuso un grupo de jóvenes que en los últimos meses plantó 63.000 árboles, con el fin de atenuar el horror que causó un incendio que afectó en diciembre pasado Torres del Paine, en la patagonia chilena.

Es más, su meta final es plantar un millón de árboles en todos los parques existentes entre la región de Aysén y Magallanes por lo que han pedido la ayuda a la ciudadanía, que por cuatro dólares puede comprar un árbol, valor que incluye su conservación.

El director de operaciones de esta cruzada, Matías Río, explicó a Efe que la iniciativa "es la campaña de forestación nativa más grande de la historia de Chile, tras el gran incendio que hubo en Torres del Paine a fines del pasado año y nos pusimos la meta de plantar un millón de árboles".

Indicó que si las personas ingresan a reforestemospatagonia.com, en esa página digital observarán que aparece un mapa lleno de arbolitos verdes, que son los que ya se han plantado, pero hay otros de color gris, que es el lugar donde falta colocar un árbol.

"La persona interesada en cooperar con nosotros, coloca el cursor encima del color gris que se cambia automáticamente por el verde, paga sus cuatro dólares y el día que viaje a la zona podrá visitar el árbol que adquirió y observar como ha ido creciendo", precisó Río.

El parque nacional Torres del Paine, declarado reserva de la Biosfera por la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia, la Educación y la Cultura (Unesco), constituye el principal atractivo turístico de la austral región de Magallanes, donde hay 727 hoteles y restaurantes que se sustentan de estas actividades.

Sin embargo, en diciembre pasado, un turista israelí que quemó un trozo de papel higiénico, causó uno de los peores desastres naturales en esa región, donde las llamas consumieron 17.600 hectáreas.

Según Río, las cuadrillas que la componen cinco plantadores, un ingeniero forestal y un jefe de grupo, más medio centenar de jóvenes del Instituto Nacional de la Juventud, dedicados específicamente a la logística, plantaron durante el mes de mayo 20.000 lengas en la denominada 'zona camping de Pehoé, mirador de cóndores'.

"La meta del millón de árboles se seguirá en septiembre y octubre próximo, y abril y mayo del 2013, que son los períodos de plantación de los árboles nativos de la patagonia chilena y para ello necesitaremos toda la ayuda posible", subrayó.

La lenga, junto a otros árboles o arbustos como el ñirre, notro, lingue o el espino de fuego, es una especie representativa del bosque andino patagónico del sur de Argentina y de Chile y sus hojas se tornan en otoño en amarillas y rojas que destacan en el gélido paisaje de la patagonia chilena.

En tanto, el administrador del parque Torres del Paine, Guillermo Santana, dijo a Efe, que lamentablemente el descuido de algunos turistas causó en los últimos cuarenta años más de 60 incendios forestales, por lo que la Corporación Nacional Forestal (Conaf), a la que el pertenece, dispondrá de nuevas medidas para hacer más riguroso el cuidado del lugar.

"Aunque nada comparado con los ciento de miles de hectáreas quemadas durante el periodo de colonización de la zona, cuando las personas prendían fuego para despejar tierras que les sirvieran para la agricultura o para criar ganado. Sin embargo, los incendios se descontrolaban y muchos de ellos se extendieron por años", añadió Santana.

Por su parte, Matías Rivera, director ejecutivo de reforestación, afirmó que los árboles que se plantan no sobrepasan los treinta centímetros razón por la que se le protege con una especie de cono rígido con el fin de alejar las plagas.

"Los primeros que se plantaron iban sin la protección, pero al otro día uno los visitaba y ya había desaparecido. Se lo habían comido los guanacos, las liebres, hurones u otros roedores que habitan el sector, por lo que tuvimos que protegerlos", indicó.

Con la vista imponente de la Torres del Paine, nevadas durante todo el año, los muchachos que trabajan en el lugar no parece importarles el frío, una condición climática que en esta época del año destaca porque la maleza del lugar amanece teñida de blanco.

Ricardo García, integrante del Instituto Nacional de la Juventud corrobora el entusiasmo al señalar a Efe que cuando partió la cruzada más de 10.000 jóvenes se inscribieron para ayudar en la reforestación de la patagonia chilena, situada a más de 2.000 kilómetros al sur de Santiago, donde el mundo se acaba.