Delanteros como Didier Drogba destrozan la lógica del fútbol. Si el Chelsea se pudo proclamar el sábado campeón de Europa por primera vez en su historia, nadie duda que fue gracias al marfileño, que agrandó su leyenda en la historia del club inglés.

Cuando Thomas Muller adelantó al Bayern Munich a los 83 minutos, la Copa de Europa parecía sentenciada. Cualquier analista lo hubiera calificado como una victoria justa, por el control que ejerció el equipo alemán durante todo el partido.

Pero Drogba se encargó de desbaratar esa lógica. Sólo necesitó un fogonazo para dar un giro increíble a la final.

Un llanero solitario en la punta y maniatado por la férrea defensa alemana, el artillero africano emergió de la nada en un saque de esquina pateado por el español Juan Mata y remató de cabeza al fondo de la portería de Manuel Neuer para lograr la igualada a falta de dos minutos para la conclusión del encuentro.

Lejos de acabar con su protagonismo, Drogba apareció en tareas defensivas, lejos de su demarcación habitual, y cometió un penal claro sobre el francés Franck Ribery poco después de comenzado el alargue.

La suerte también se puso de su parte esta vez: el guardameta Petr Cech adivinó las intenciones de Arjen Robben y detuvo la pena máxima.

La final se marchó a la definición por penales, donde el destino le tenía reservado el papel protagónico.

En el quinto penal, tras el fallo de Bastian Schweinsteiger, Drogba se dirigió al punto de los 12 pasos para sentenciar el partido. En la mente de muchos, sin duda regresó como un fantasma del pasado la imagen de John Terry en 2008, resbalando ese quinto penal frente a Manchester United en la final en Moscú.

No fue el caso de Drogba, que con sangre fría batió a Neuer y se desplomó sobre el césped para celebrar la primera corona europea de Chelsea.