El presidente Barack Obama y otros mandatarios de países ricos hicieron hincapié en un amplio consenso de que sus naciones necesitan adoptar medidas para crecer junto con incesantes recortes presupuestarios a fin de salir de sus problemas con la deuda.

Esa fórmula es un malabarismo mucho más difícil de llevar a cabo en la vida real que en los papeles.

En la declaración de ocho párrafos presentada el sábado, el Grupo de los Ocho tendió un puente llano entre ambos lados del debate de la austeridad contra la expansión, y dejó que cada parte decidiera exactamente lo que vaya a significar el nuevo énfasis en el crecimiento. Y no dijo gran cosa sobre de dónde vendría el dinero para un mayor gasto.

El acuerdo, logrado luego de una reunión matutina en la casa de descanso presidencial en Camp David, franqueó el disenso al no rechazar un enfoque en favor de otro, sino hábilmente combinarlos. Equilibrar presupuestos, sí, pero encontrar la manera de gastar, o más bien de "invertir", en aspectos como educación y obras públicas.

La declaración reflejó claramente el deseo de Obama para que los europeos vayan más allá del enfoque de la austeridad encabezado por Alemania. La posición de Obama parece mostrar inquietud de que una recesión europea o una implosión financiera si Grecia abandona el euro podrían perjudicar a la economía de Estados Unidos y complicar la ya difícil campaña de reelección del mandatario estadounidense.

En particular, el texto bendice algunas cuestiones que los gobernantes de la eurozona estaría ya haciendo, como permitir que algunos países endeudados como España e Italia avancen lentamente hacia la meta de reducir sus cuantiosos déficit presupuestarios. Las naciones necesitan acciones "sostenibles" para arreglar sus finanzas, lo cual significa que pueden "tomar en cuenta las condiciones económicas que están en marcha en los países".

Esa situación podría significar una reducción en el ritmo de los recortes. España, un foco reciente de la crisis junto con Grecia, se ha sumido en la recesión y ha padecido un desempleo de hasta 24%. España debería reducir para el año próximo su déficit al límite del 3% establecido por la Unión Europea, aunque la misma Comisión Europea prevé que el déficit se duplicará. Según economistas, la UE podría darle más tiempo a esos dos países y a otros.

La reducción presupuestaria en países como Grecia ha abatido las enormes nóminas del sector público — una medida necesaria pero que disminuye el dinero en el bolsillo de miles de consumidores. El primer ministro de Italia, Mario Monti, que pertenece al G-8, ya admitió que su país no equilibrará el presupuesto el año próximo como preveía, sino en 2014.

Incluso la apóstol de la austeridad en Europa, la canciller alemana, Angela Merkel, cedió muy poco. Afirmó que estaba dispuesta a que se invirtiera en cosas que alentaran el crecimiento en el largo plazo. Pero puntualizó que eso no significaba "estímulo", una palabra que, como el "gasto", no aparece en el documento.

"Esto no se trata de programas de estímulo en el sentido acostumbrado, la manera en que los aplicamos después de una crisis", precisó. "Lo que se requiere mucho más son inversiones en investigación e infraestructura, por ejemplo en Europa en redes digitales".

El dinero para las inversiones en general podrían provenir de "una gama de mecanismos", dijo el documento, sin ofrecer detalles.

La cruda verdad es que no hay mucho dinero disponible para gastar en muchos países. La incapacidad de seguir disminuyendo los déficit podría significar que España e Italia serían visto como pésimos riesgos y no podrían ya recibir préstamos solventables, lo cual llevaría a suspensiones de pagos que harían empequeñecer los problemas de Grecia.

___

NOTA DEL EDITOR: El periodista financiero de la AP David McHugh cubre la economía de la eurozona desde la ciudad alemana de Francfort.