Gran Bretaña es objeto de fuertes críticas por invitar al rey de Bahrein, en cuyo país se reprime brutalmente el disenso político, a un almuerzo el viernes en homenaje al Jubileo de Diamante de la reina Isabel II.

El almuerzo en el castillo de Windsor fue el mayor encuentro de realeza extranjera en Gran Bretaña desde el casamiento del príncipe Guillermo, nieto de la reina, con Kate Middleton el año pasado. Entonces, como ahora, la decisión de invitar a la familia real de Bahrein enfureció a quienes denuncian la mortífera violencia desatada contra los manifestantes desde que comenzaron las protestas en el estado del Golfo Pérsico.

El príncipe heredero de Bahrein, Salman bin Hamad Al Jalifa, se excusó de asistir a la boda, señalando que no quería que la controversia empañara el día feliz de la pareja. Pero el viernes, el Palacio de Buckingham confirmó que el rey Hamad bin Isa Al Jalifa estaba entre los 45 invitados reales que asistieron al almuerzo.

El rey no asistió al banquete formal del viernes por la noche en el Palacio de Buckingham, cuyos anfitriones fueron el príncipe Carlos, heredero del trono, y su esposa Camilla.

El legislador laborista y ex ministro del Exterior Denis McShane dijo que los diplomáticos deberían haber tratado de mantener a Al Jalifa alejado de la reina, "en lugar de ponerla en la situación de tener que compartir la mesa con un déspota".

El grupo antimonárquico Republic dijo que la invitación fue "un error de juicio catastrófico" que "perjudica gravemente la reputación de Gran Bretaña".

La Oficina de Asuntos Exteriores, que asesoró al palacio real acerca de las invitaciones, dijo que los lazos del país con Bahreun permitieron a las autoridades británicas hablar francamente con los gobernantes de la estratégica isla sobre "una gama de asuntos, incluidos los que nos preocupan".

Al Jalifa no fue el único invitado controvertido. El rey de Suazilandia, Mswati III, acusado de vivir en el lujo mientras su pueblo sufre hambre, también asistió al almuerzo. Días atrás un grupo de manifestantes se reunió frente al hotel londinense donde se decía que se alojaba con un gran séquito.