El caos en la política griega y la banca española se juntaron esta semana para subrayar la persistente fragilidad de la economía europea después de un régimen de austeridad que ha dado lugar al desempleo, la desesperación y la miseria. Y no aparece un respiro a la vista. El ministro de Finanzas de Alemania advirtió el viernes que la crisis podría durar dos años más.

Wolfgang Schaeuble recriminó a los líderes de las economías más grandes del mundo en momentos en que se dirigían a Washington para una cumbre de fin de semana que los esfuerzos para solucionar la crisis en los últimos años "no fueron lo suficientemente buenos". Los gobernantes, dijo a la radio francesa Europe 1, "deben mostrar que Europa puede concertar posiciones comunes con mayor celeridad".

Pero las posiciones comunes han sido escasas.

Después de más de una semana tratando de formar un gobierno, los políticos griegos se dieron por vencidos esta semana y convocaron unas nuevas elecciones para junio, sin ninguna razón real para pensar que estas los van a alejar del caos reinante. España se vio obligada a negar que un banco en problemas vaya a congelar los depósitos, y luego vio una rebaja importante en la calificación crediticia de 16 de sus prestamistas y cuatro de sus regiones semiautónomas, similares a los estados de Estados Unidos.

El viernes, el banco central de España anunció que el nivel de los préstamos incobrables en los libros de los bancos españoles — golpeados por las empresas de construcción quebradas, la recesión y la peor tasa de desempleo entre los 17 países de la zona euro — se encuentra en un máximo de 18 años, lo que alimenta las preocupaciones sobre el sector financiero en la cuarta mayor economía de la eurozona.

Los países europeos están bajo presión por las altas tasas de los préstamos. Las tasas se han incrementado en momentos en que los inversionistas están nerviosos acerca de las cargas de la deuda en relación con la fortaleza de las economías. Bajo la presión de Alemania, la economía más fuerte de Europa, los gobiernos han despedido trabajadores, recortado salarios, reducido el gasto en programas sociales y subido los impuestos para aumentar los ingresos.

Sin embargo, aunque las economías se han reducido, los niveles de deuda de los países han empeorado. En España, donde uno de cada cuatro ciudadanos no tiene trabajo y la tasa de desempleo alcanza a una de cada dos personas menores de 25 años, la tasa de interés de los bonos gubernamentales a 10 años se situó el viernes en un preocupante 6,2%, no muy lejos del nivel de 7% que se considera insostenible a largo plazo y obligó a Grecia, Irlanda y Portugal a pedir rescates financieros.

Los acontecimientos de esta semana sugieren que para algunos países, el remedio — los recortes presupuestarios como parte de insoportables programas de austeridad — puede ser peor que la enfermedad. Esto también se puede ver en el éxito en las urnas de los antiguos líderes de oposición, que están llegando al poder a medida que los votantes rechazan la austeridad y piden un nuevo camino que genere crecimiento y empleo para Europa y erradique el temor de un efecto dominó si Grecia abandona el euro.

En la peor de las hipótesis Grecia no podría o no querría aplicar los recortes que necesita para seguir usando el euro. Los inversionistas, temerosos de que Portugal, Irlanda, España e Italia sigan el camino de Grecia, retirarían entonces su dinero de esos países también. Eso podría ser desastroso para la economía mundial, aunque es tan inédito, que nadie realmente lo sabe.

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Barry Hatton en Lisboa, Daniel Woolls y Harold Heckle en Madrid y Elena Becatoros en Atenas contribuyeron con este despacho.