Emocionados, cansados por el viaje, llenos de ambición y de nervios, miles de deportistas se instalarán en la Villa Olímpica en julio y probablemente lo primero que harán será colgar banderas de sus países en ventanas y balcones, siguiendo un viejo ritual de los Juegos Olímpicos.

"¡Londres, aquí estamos!", es el mensaje que transmitirán esas banderas. "El mundo golpea tus puertas".

Para los londinenses, esa presencia extranjera será algo de rutina.

En sus 116 años de historia, los Juegos Olímpicos jamás llegaron a una ciudad tan internacional, en la que conviven casi todas las culturas, idiomas y costumbres del mundo.

Esta podría ser la primera vez que la mayoría, si no la totalidad, de los 14.700 deportistas de 200 países que asistirán a la justa tendrán compatriotas a su alcance, una base de aficionados de sus países que viven en Londres y que los harán sentir como en casa.

Todos encontrarán algo típico de su país: tal vez una mezquita o una sinagoga que conviven casi pegadas, una sesión de lectura de poemas caribeños o un baño turco, un local donde venden curry en "Banglatown", una patisserie francesa o funciones de "Hamlet" en lituano (programadas el 2 y 3 de junio en el Globe Theater).

Las banderas colgadas en la villa, a su vez, le hablarán directamente a algún londinense.

Lo que hoy es Londres ha sido habitado por numerosos pueblos a lo largo de la historia. Anglosajones, vikingos, normandos; esclavos africanos encadenados y marinos indios que, luego de llegar en barcos repletos de mercancías, eran abandonados en la ciudad, corazón de un voraz imperio; revolucionarios, librepensadores y judíos perseguidos en Europa Oriental que buscaban la libertad en una ciudad a veces cruel y anárquica donde germinaba la democracia; inmigrantes caribeños que revitalizaron una urbe bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial.

En la Londres del 1800, el poeta William Wordsworth se maravilló con las multitudes en las que observaba "todo tipo de especímenes humanos, con todos los colores que genera el sol... los suecos, los rusos; del sur, franceses y españoles; de la remota América, los cazadores de indios; moros, malayos, tártaros y chinos".

Antes que él, en el siglo XVIII, el escritor Samuel Johnson sintió que, "al ver Londres, he visto buena parte de la vida en el mundo".

Para el poeta contemporáneo rasta Benjamin Zephaniah, la Londres de hoy es un sitio "donde todo el mundo puede venir a cenar, (donde) las culturas se mezclan... en la que 300 idiomas le dan voz a 15.000 años de cambios".

El barrio de Newham, en East London, uno de los escenarios de los juegos, tiene la población más diversa de Gran Bretaña. Solo el 45% de sus residentes adultos dicen que el inglés es su primer idioma.

Los investigadores comprobaron que en las escuelas de Londres se hablan por lo menos 233 idiomas. En las de escuelas públicas de Newham, apenas un tercio de los estudiantes hablan inglés en sus casas. Según un censo del 2008, 13.840 alumnos hablan inglés en casa y 14.530 hablan otros idiomas, particularmente bengalí, urdu, punjabi, gujarati o tamil, lenguas estas de la India, Pakistán, Bangladesh y Sri Lanka. Hay asimismo 1.440 que hablan somalí.

Durante su candidatura Londres presentó su mezcla étnica como algo positivo. El primer ministro de entonces, Tony Blair, prometió al Comité Olímpico Internacional que la "sorprendente diversidad" de la ciudad le daría a los juegos un ambiente "sin igual".

Habrá que ver si las buenas intenciones bastan. No hay que olvidar que los británicos, con sus apetencias imperialistas, prácticamente inventaron el racismo y tildaron de inferiores a los africanos para justificar la esclavitud.

Y la convivencia en Londres no es fácil. A veces las costumbres de uno molestan a otros. El presidente de la Sociedad de la Celebración Judía del East End Clive Bettington dijo que fue escupido y apedreado por jóvenes musulmanes cuando encabezaba una visita guiada por sitios importantes para los judíos.

El Parque Altab Ali del sector Tower Hamlets, otro sitio donde habrá justas, debe su nombre a un bengalí asesinado por tres muchachos en 1978 cuando se dirigía a su casa, en lo que fue descripto como un ataque racista.

En las elecciones del 3 de mayo para alcalde de Londres, el Partido Nacional Británico de extrema derecha, contrario a la inmigración, presentó un candidato que es inmigrante, Carlos Cortiglia. Cortigilia, nacido en Uruguay, hijo de padres italiano y española, dijo que "el multiculturalismo de Londres generó divisiones y confrontaciones en lugar de fomentar la integración".

Vaya uno a saber.

Lo concreto es que en los autobuses se escuchan numerosas lenguas, incluidas muchas irreconocibles para la mayoría de las personas.

Y que si atletas como Usain Bolt quieren una comida casera, pueden hacerse una escapada a Caribbean Scene, local ubicado cerca del Parque Olímpico, donde podrá encontrar carnero al curry, pescado salado --el plato nacional jamaiquino-- y plátanos. El campeón olímpico de los 100 y los 200 no tendrá problemas en ubicar el lugar: el restaurante tiene su imagen pintada en una pared interior.

El campeón de los 5.000 y los 10.000 metros Kenenisa Bekele podrá gozar de platos etíopes en el mercado Brick Lane del East End. El puesto cercano que ofrece guisados es de Mianmar.

Los atletas musulmanes tendrán a su disposición la Gran Mezquita de la intersección de Brick Lane con la calle Cournier. La mezquita se encuentra en un edificio del 1700 que originalmente fue una capilla para hugonotes franceses, que luego pasó a ser una sinagoga y finalmente una mezquita. Las sucesivas transformaciones sirven como metáfora para la mezcla de culturas e historias de inmigrantes de la Londres moderna.

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John Leicester es columnista internacional de deportes de la AP. Está en twitter como http://twitter.com/johnleicester