Un cuerpo de elite de policía hondureña aplacó el jueves un motín en el penal de San Pedro Sula que dejó un reo muerto, once heridos y treinta trasladados a otros centros penitenciarios, informó el director de la Policía.

El general Ricardo Ramírez del Cid dijo que "en el momento que vimos que (los reos) tenían armas de fuego, dimos orden de que interviniesen los Cobra", como se llama al escuadrón elite de la policía hondureña.

Dijo que como resultado del operativo se requisaron dos pistolas al interior del penal y 30 internos fueron trasladados a diferentes centros penitenciarios.

Según Ramírez del Cid, "parece que el pleito surgió cuando un interno violó a una mujer durante una visita y posteriormente fue atacado".

El director del centro penitenciario, Orlando Leyva, dijo que "el miércoles por la noche los internos se agarraron entre ellos, exactamente igual que lo sucedido la última vez" en referencia a otro motín que terminó con un saldo de 13 muertos el 29 de marzo.

Informó que "se aplicó inmediatamente el protocolo de seguridad" consistente en que la policía abrió las puertas y se situó en el exterior del penal.

En la imágenes transmitidas por televisión pudieron oírse disparos en varias ocasiones a lo largo de la mañana y se ha mostrado como reos armados con machetes salían al exterior del penal para trasladar a los heridos.

El 29 de marzo, 13 internos murieron en una revuelta contra el reo que ejercía el rol de coordinador de internos en un motín seguido de un incendio.

Diversas instituciones internacionales han avisado de que el grado de autonomía del que gozan los presos al interior del penal, organizados en torno a la figura del "reo coordinador", pone en riesgo la seguridad de los internos.

El relator de la Comisión interamericana de Derechos Humanos, Rodrigo Escobar Gil, advirtió finales de abril tras visitar varias prisiones que "es previsible que algo grave pueda ocurrir en el futuro en las cárceles hondureñas dado que la situación no ha cambiado respecto a la que existía hace tres meses".

En ese período se registraron tragedias en los penales de San Pedro Sula y Comayagua que acabaron con la vida de 374 personas en febrero y marzo.