Pakistán está a punto de reabrir sus carreteras al paso de suministros para las tropas de la OTAN en el vecino Afganistán tras haber tensado su postura y ante la evidencia de que la paciencia de Occidente se agotaba, según analistas.

La reapertura cuenta con el visto bueno del comité de Defensa del gabinete paquistaní, que reúne al núcleo del poder civil y militar del país, y queda solo pendiente de la aprobación del Gobierno.

"Todo el mundo será informado cuando tomemos una decisión al respecto", dijo hoy el ministro de Información, Qamar Zaman Kaira, tras una reunión del gabinete, según el canal Geo Tv.

El cierre de las rutas terrestres y los pasos fronterizos por parte de Islamabad se produjo en noviembre como represalia por un bombardeo por error de la misión aliada en Afganistán contra un puesto fronterizo en Pakistán, que mató a 24 soldados de este país.

El Ejército encabezó la reacción airada de las autoridades paquistaníes, que aún estaban dolidas por la humillación que había supuesto medio año ante la incursión secreta de un comando de EEUU para acabar con Osama Bin Laden en suelo paquistaní.

"Posiblemente el Gobierno civil no hubiera forzado una medida tan extrema", dice la analista del International Crisis Group Samina Ahmed, quien añade que el cierre es insostenible "porque se agotaba la paciencia internacional, en especial la de EEUU".

Por suelo paquistaní pasaban en los últimos años cerca del 80% de los suministros para las tropas en Afganistán, pero la prohibición de circulación de los convoyes no ha llegado a poner en aprietos a la OTAN.

Una fuente diplomática occidental en Kabul reconoce que, a pesar de ciertas dificultades, las tropas se han seguido aprovisionando en parte gracias a la llegada de aviones de carga provenientes del puerto de Karachi, en el sur de Pakistán.

"Los paquistaníes cerraron sus carreteras pero mantuvieron abierto su espacio aéreo para los suministros. No quisieron forzar demasiado la situación", dice esta fuente, que sin embargo reconoce que el bloqueo aumentó los costes del avituallamiento.

Una de las mayores complicaciones ha sido la llegada de carburante para los vehículos de la misión aliada, que en su mayoría se han abastecido por rutas alternativas y más costosas desde Turkmenistán y Uzbekistán, en el oeste y el norte del país.

La inminente retirada del bloqueo paquistaní llega apenas días antes de la cumbre que los próximos 20 y 21 mayo reunirá en Chicago a representantes de la OTAN para discutir el futuro de Afganistán tras la retirada del grueso de las tropas aliadas en 2014.

Pakistán ha sido finalmente invitado tras su predisposición a normalizar lazos con la Alianza Atlántica y a "pasar página", como afirmó la ministra paquistaní de Exteriores, Hina Rabbani Khar, el pasado lunes.

"Queremos ser un facilitador, un posibilitador en vez de un bloqueador", dijo a los medios la ministra en un gesto claramente enfocado a preparar el terreno para la reapertura de las rutas terrestres y a una posible presencia en la cumbre de Chicago.

"Pakistán ya no tenía otra opción que volver a acercarse" dice la analista Samina Ahmed, que añade que las autoridades paquistaníes no tenían nada que ganar tensando más la cuerda y, en cambio, estaban aumentando el aislamiento del país en un momento clave para la zona.

"Intentarán sacar algún beneficio de todo esto en forma de tasas al paso de los convoyes de la OTAN, pero la decisión es sobre todo política", opina Ahmed.

Según el profesor y analista de seguridad Humayun Khan, cercano a los círculos militares paquistaníes, la apertura se llevará a cabo con ciertas condiciones.

Khan se refiere a la imposición de tasas de paso y a la prohibición, confirmada anoche por una nota oficial del Ejecutivo, de que circulen por territorio paquistaní "cargas letales", en referencia a armas y municiones.

Sin embargo, las condiciones que había expresado el Parlamento de Pakistán el pasado marzo eran muy diferentes.

En una sesión monográfica sobre las relaciones con EEUU, los legisladores exigieron que antes de reabrir las rutas Washington pusiera fin a los ataques con aviones no tripulados y la OTAN se disculpara por matar a 24 soldados paquistaníes.

Ninguna de las dos se habrá cumplido, pero la compleja retórica de las autoridades de Islamabad, acostumbradas a estos trances, ha preparado el terreno para que esto no sea una renuncia sino un acto de responsabilidad.

"Al fin y al cabo, al ciudadano paquistaní lo que le interesa no es la alta política o la soberanía nacional, sino poder alimentar a su familia y esta decisión era necesaria para no dañar más nuestra economía", dice enfática Samina Ahmed.