La ONU reconoció hoy su preocupación por la seguridad de los componentes de la Misión de Supervisión de Naciones Unidas en Siria (UNSMIS), después de que en los últimos días se hayan visto afectados por varios ataques.

"Claro que estamos preocupados por su seguridad. No sabemos con seguridad que han sido objeto de ataques deliberadamente, pero sí han estado en peligro", aseguró ante la prensa el portavoz del organismo internacional, Martin Nesirky, quien calificó de "extremadamente peligroso" el trabajo de los observadores.

Actualmente la UNSMIS cuenta con 236 observadores militares, además de 71 miembros de personal civil, según los últimos datos divulgados hoy por Nesirky, quien detalló que este miércoles se espera la llegada de 25 militares desarmados más al país árabe.

El objetivo de la presencia de los observadores, que deben alcanzar a finales de mes el número de 300 según lo aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU, es verificar el cumplimiento del plan de paz para Siria del mediador internacional Kofi Annan, que incluye el cese de las hostilidades.

"La naturaleza de su admirable trabajo en circunstancias peligrosas es ayudar al pueblo sirio, para garantizar que el dolor que ha aguantado durante quince meses puede acabar y podemos avanzar hacia un proceso político", añadió el portavoz del organismo.

Un convoy de la UNSMIS se vio afectado el martes por la explosión de una bomba a su paso por la localidad siria de Jan Sheijun, que causó daños a tres de los vehículos, pero no heridos entre los observadores, quienes, sin embargo, tuvieron que pasar noche en la zona antes de regresar hoy a su base en Hama.

Además, el domingo un vehículo de la misión recibió el impacto de una bala cerca de la ciudad de Homs y el pasado miércoles también se produjo una explosión al paso de otro convoy en Deraa.

La ONU no puede velar por la seguridad de los observadores, ya que el mandato de la misión obliga a que se trate de "cascos azules" desarmados, por lo que su seguridad está en manos de las autoridades sirias cuando éstos patrullan zonas controladas por el Gobierno y en las de la oposición cuando se encuentran en sus zonas de influencia.

Desde el comienzo de la revuelta contra el régimen de Bachar Al Asad en marzo de 2011, más de 10.000 personas han muerto por la violencia en Siria, según datos de la ONU, que cifra en 230.000 los desplazados internos y en más de 60.000 los refugiados en países limítrofes, como Turquía y Líbano.