El Ejército libanés envió hoy refuerzos a la ciudad de norteña de Trípoli, a los que se unió la policía, para detener la violencia desatada en dos barrios, donde al menos ocho personas han muerto y 102 han resultado heridas desde el sábado pasado, informaron fuentes policiales a Efe.

Las fuerzas del orden se desplegaron en la calle Siria, que separa los barrios de Bab al Tebaneh, de mayoría suní, y de Yabal Mohsen, de predominio alauita (chií), donde hoy reina una calma relativa tras los choques entre partidarios y detractores del presidente sirio, Bachar al Asad.

Los habitantes de Yabal Mohsen, al igual que la familia Al Asad, pertenecen a la comunidad alauí, una secta del chiísmo que representa a cerca del 10 % de la población siria y que apoya de manera mayoritaria al régimen actual.

En un comunicado, las Fuerzas Armadas libanesas confirmaron que entraron hoy en esos dos barrios y reiteraron que su misión consiste en preservar la seguridad y no enfrentarse a los habitantes de Trípoli ni de ninguna otra región.

Los enfrentamientos comenzaron el sábado pasado tras el arresto de un islamista, Shadi Maulaui, acusado de intentar cometer crímenes y de conspirar para ejecutar actos terroristas dentro y fuera del Líbano.

Sin embargo, medios de comunicación libaneses apuntaron que esa detención podría estar relacionada con la crisis en Siria, cuyas autoridades acusan a una parte de la población libanesa de suministrar armas a los rebeldes.

El conflicto sirio ha profundizado la división entre los libaneses, de los que una parte, encabezados por el grupo chií Hizbulá, apoya al régimen de Damasco, mientras que la otra respalda la revuelta popular iniciada a mediados de marzo de 2011.