Paula Escalada Medrano

Las familias de los candidatos a las elecciones presidenciales de México han entrado en escena y ganan protagonismo en la campaña electoral para infundir confianza entre los votantes.

Según dijo a Efe el analista político Salvador García Soto esta vez "hemos visto ya de una manera más abierta este uso familiar como un elemento de campaña (que) no se había visto tan marcadamente en otras elecciones".

El pasado 18 de marzo tuvo lugar la toma de protesta -una promesa de cumplimiento como candidato- del aspirante de la coalición de izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, a la que acudieron su esposa, su hijo mayor y el pequeño de cuatro años, que atrajo la atención de los asistentes con sus graciosas muecas, mientras los adultos cantaban el himno nacional.

"Representa esta idea de transmitir una imagen de candidatos que tienen una vida familiar, una normalidad, que conviven con su familia como lo haría cualquier persona", explicó el experto.

Menos de un mes después, el niño apareció en un anuncio de López Obrador y sentado sobre las rodillas de su padre era testigo de una promesa: "Quiero hacer un compromiso con mi hijo y con ustedes. Deseo lo mejor para él y para todos los niños de México", dice el candidato en el mensaje, que acaba con el nene dándole un beso en la mejilla.

"En la cultura política mexicana a los candidatos sí les beneficia el uso de su familia, siempre y cuando esta no sea motivo de escándalos. Si la imagen es la políticamente correcta, sí hay un beneficio electoral", sentenció García Soto.

Según la experta en mercadotecnia política Lourdes Sáenz Esquivel, para los votantes es muy importante que el candidato tenga una familia bien integrada porque con ello los aspirantes "ganan confianza".

"Decir 'me comprometo con mí hijo y con el pueblo de México' es una manera de dar más confianza de que se van a cumplir sus propuestas porque es el compromiso con su hijo, públicamente", añadió.

El caso más manifiesto de uso de sus familiares es el del candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto, con su esposa, la actriz Angélica Rivera, quien acompaña a su marido a todos los actos de campaña, consciente de que es una mujer con mucho carisma y que atrae a su propio público.

Junto a ella ha tratado de afianzar en programas de televisión y revistas la idea de familia integrada, reconstituida, ya que él es viudo y ella divorciada, junto con sus tres respectivos hijos.

"Son familias distintas, pero modernas. Antes se hubiera horrorizado todo el país, ahora se ve como familia muy moderna y parece que eso proyecta", explicó Sáenz Esquivel, doctora en mercadotecnia cultural.

"Supongo que los parámetros están cambiando como está cambiando la sociedad", apuntó García Soto, quien recordó asimismo que en el caso de Peña Nieto, favorito en las encuestas, su vida también tiene otro lado: los hijos fuera del matrimonio y las infidelidades.

"Aun así, el electorado no lo ha sancionado. El parámetro de los mexicanos también va cambiando y se va adaptando a estas nuevas formas", dijo.

En opinión de Víctor Gordoa, consultor en imagen pública, Peña Nieto y Rivera son "una pareja muy mediática" que la gente quiere ver, al grado de quererse tomar fotografías con ellos y pedirles autógrafos. "Esto no había sido visto antes en un candidato político", apuntó.

"Al arrojar las encuestas que esto se convierte en un patrimonio, López Obrador y Josefina Vázquez Mota (del gobernante Partido Acción Nacional, PAN) se dan cuenta de que no tienen ese mismo valor agregado con el cual competir y deciden estratégicamente tratar de exhibir un poco más" a sus familias, contó.

Precisamente María José Ocampo, hija de Vázquez Mota, encabeza "Jóvenes Viviendo México", movimiento con el que recorre el país para motivar a los jóvenes a participar en política y, obviamente, a votar por su madre en las elecciones del 1 de julio próximo, cuando también se celebrarán comicios legislativos

Esta participación familiar se ve también en el caso del cuarto candidato a la Presidencia, Gabriel Quadri, pese a ser el menos mediático de los tres. Su hijo Luciano, de 28 años, es el consejero y coordinador de la campaña del candidato de Nueva Alianza.

Para Gordoa, estos hechos podrían rayar en el "nepotismo", pero no es así porque todavía son candidatos, no cargos públicos, y por tanto pueden saltarse la ley que prohíbe que los familiares de funcionarios trabajen con ellos o tengan un puesto que dependa de ellos. EFE

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