En un país donde las noticias oscilan entre malas y catastróficas, muchos haitianos contemplan el año transcurrido de la presidencia de un músico popular con cierta sorpresa.

Sí, un enfrentamiento entre el parlamento y el presidente Michel Martelly casi paralizó al gobierno durante buena parte de los 12 meses. Sí, menos de la cuarta parte de la población tiene un empleo formal. Sí, el cólera y otros problemas agobian al país.

Pero seis de los campamentos para personas desplazadas que surgieron después del terremoto de 2010 han sido levantados y varios de ellos han vuelto a ser plazas públicas. La renovación del aeropuerto internacional está muy avanzada. Aparecen hoteles y tiendas nuevos en el desolado paisaje urbano de la capital. Y en un país donde la educación gratuita es una rareza, el gobierno se ha hecho cargo de la escolaridad de un millón de niños.

Nadie lo llamaría una Edad Dorada. Pero no está mal para un presidente que nunca tuvo un cargo político y antes de asumor era conocido por actuaciones musicales con un fuerte contenido erótico. El parlamento está tan dominado por el partido del hombre a quien Martelly derrotó en las elecciones que los legisladores bloquearon sus intentos de nombrar un primer ministro y un gabinete durante tres trimestres.

"Las cosas con Martelly generalmente funcionan", dijo Yrinen Jean-Baptiste, de 34 años y madre de dos hijos que dijo que volvería aa votar por el músico. "Espero que pueda hacer más".

Preguntado cómo se autocalificaría en una escala del uno al diez, el presidente, que no se destaca por su modestia, se otorgó una calificación alta.

"Me daría un ocho, ocho y medio, un nueve, porque todo lo hice sin un gobierno", dijo Martelly en entrevista con la Associated Press. "Todo lo hice en una época en que tenía tantos problemas, en que tanta gente trataba de detenerme. Todo lo que hice, lo hice hubiese dinero o no".

Entre sus logros, el presidente menciona el programa de escolaridad, a pagar con un impuesto sobre las llamadas telefónicas internacionales, así como la limpieza de los campamentos más grandes por medio de subsidios a la renta, la reparación de viviendas dañadas y — lo cual despertó controversias — los desalojos de los asentamientos precarios.

En la entrevista también destacó la construcción de un hospital público en Mirebalais, al norte de la capital, y el inicio de la instalación de un parque industrial cerca de Cap Haitien para fábricas textiles y otras empresas, lo que traerá empleos al norte del país.

"No digo que estoy haciendo milagros, pero estoy enviando señales de que las cosas se hacen de otra manera ahora", dijo Martelly en su oficina en terrenos del destruido Palacio Nacional. "El estado quiere servir. Queremos estar cerca de la gente".