Las primeras lluvias de mayo dañaron las ofrendas florales que reposaban sobre la tumba del comandante sandinista Tomás Borge y la pompa con que se celebraron las exequias también se desvaneció en el escenario político nicaragüense.

Sus restos fueron colocados junto a las tumbas de otros dos célebres sandinistas y lo más seguro es que solamente será recordado nuevamente cuando se cumpla el primer aniversario de su muerte.

Analistas coincidieron en que el presidente sandinista Daniel Ortega quiso aprovechar el rasgo de la idiosincracia latinoamericana de que no se habla mal de los muertos y en plena crisis de legitimidad apuntaló la figura del viejo comandante sandinista a su favor.

El dos de mayo, abrazado por una multitud de simpatizantes del Frente Sandinista, el ex ministro del interior (1979-1990) ingresó al panteón de los elegidos en un acto presidido por Ortega y su esposa Rosario Murillo y que en los medios oficialistas era presentado como el tránsito de Borge a la inmortalidad.

"Ese fue el objetivo principal de la familia Ortega Murillo en el caso de la ceremonia fúnebre de Tomás. Ese lenguaje tiene que ver con el hecho de tratar de vender la imagen de que quiénes están con el régimen de Ortega son tocados por la gracia de Dios, es para tocar el corazón de personas", dijo a The Associated Press la ex comandante y disidente sandinista Dora María Téllez.

A Ortega se le humedecieron los ojos. Recordó los últimos días de su amigo, quien a nivel interno partidario había sido distanciado con el nombramiento de embajador en Perú tras confrontaciones con la Primera Dama en 2007.

Pero fue Murillo quien muy compungida anunció el deceso la noche del 30 de abril.

Igual que Carlos Fonseca, Borge es uno de los muertos que nunca mueren, dijo Murillo con palabras entrecortadas. Destacó que Borge siempre estará presente en el Frente Sandinista.

Para el sociólogo Manuel Ortega Hegg, catedrático de la Universidad Centroamericana, la apología a Borge "es preparar el camino para el endiosamiento propio". Recordó que el mandatario "ha dicho en diversas ocasiones que él tiene una misión especial de Dios en este mundo"

Citó como ejemplo cuando en el discurso de celebración de su victoria en las elecciones de 2011, el gobernante dijo que con la reelección "'Dios le había dado una gran responsabilidad'. Él es un enviado de Dios. De ahí al Olimpo hay poca distancia", opinó.

Señaló que en el Frente Sandinista el culto a los héroes tenía anteriormente otro sentido: "Era crear un referente de entrega a la causa sin condiciones, era crear modelos a seguir, ejemplos que atrajeran a la juventud a la lucha contra la dictadura, era una manera de crear una mística en la filas revolucionarias".

Desde siempre Nicaragua ha sido un país que vive de sus muertos. Tras el triunfo de la revolución sandinista en 1979 con el derrocamiento del dictador Anastasio Somoza Debayle, muchas de las calles con nombres ligados al somocismo fueron rebautizadas con los de los guerrilleros sandinistas fallecidos.

"Con toda la pompa que ha rodeado este entierro (de Borge), lo que Ortega ha querido hacer es un gran acto de prestidigitación y legitimación política", afirmó Téllez.

Para la ex sandinista, la crisis de legitimidad de Ortega se debe a las denuncias del fraude electoral que empañaron su reelección. La oposición cuestionó en 2011 que la continuidad en el cargo que era prohibida en la Constitución y que se concretó tras una sentencia de la Corte Suprema de Justicia dominada por sandinistas que declaró inaplicable el artículo del impedimento. La Misión de Observación Electoral señaló en un informe que "faltó transparencia" en el proceso.

Pocos lo recuerdan diez días después del apoteósico funeral en el que los restos de Borge fueron colocados al lado de los de su otrora compañero fundador del Frente Sandinista Carlos Fonseca.

Vestido de blanco, el presidente de Nicaragua presidió la reunión de mandos de la Policía Nacional. A un lado de la mesa están la Primera Dama y la jefa de la Policía Nacional Aminta Granera Sacasa, la única que recordó que el acto es dedicado a la memoria de Borge, fundador de esta institución como ministro del Interior .

Ortega citó al héroe Augusto Sandino en una parte de su intervención y también recordó a Benjamín Zeledón, el general liberal y antiestadounidense que murió en Masaya en 1912, y con ello llamó la atención sobre el valor de los policías a quienes valora como héroes anónimos.

Esa noche no hubo palabras para el polémico hombre que murió a sus 82 años y quien el día de su entierro fue abrazado por multitudes sandinistas como si fuese un santo.

Pero el diario opositor La Prensa sí recordó recientemente: publicó una caricatura en la que alguien lloraba sobre una tumba. Las lágrimas no eran para el comandante, sino para las víctimas de la Seguridad del Estado, fundada por el fallecido cuando fungió como ministro del interior y señalada de torturas y desapariciones por sus adversarios.