Las manifestaciones opositoras para exigir la renuncia del régimen de Bachar al Asad se extendieron hoy por Siria, un día después de que un sangriento atentado causara al menos 55 muertos y 400 heridos en la periferia de Damasco.

Varios grupos de la oposición, como el Observatorio Sirio de Derechos Humanos y los Comités de Coordinación Local, informaron de protestas en provincias como Idleb y Alepo, en el norte, Hama (centro), los alrededores de Damasco y Deir el Zur (este), que en algunos casos fueron reprimidas por las fuerzas de seguridad.

El activista Otman al Jani explicó a Efe vía internet que en la localidad de Jan Sheijun (Idleb) salieron multitudinarias marchas de varias mezquitas tras la oración del mediodía.

A las protestas se sumaron los asistentes a los funerales de dos personas que, según Al Jani, murieron hoy por disparos de "shabiha" (matones del régimen) contra su vehículo cerca de un puesto de control militar.

En esta provincia septentrional se registraron, además, varias explosiones, cuya autoría se desconoce, en las localidades de Ariha y Yisr al Shugur y la zona de Yabel al Zauya.

Según los Comités, en Yisr al Shugur estalló una mina en una zona industrial, en la que se desplegó un amplio dispositivo de seguridad.

Mientras, el Observatorio señaló que en Magara otra explosión se produjo cerca de un puesto de control de las fuerzas gubernamentales.

En cuanto a la represión de las protestas, convocadas pese al gran despliegue policial, los grupos de activistas denunciaron el uso de gases lacrimógenos y de armas de fuego para dispersar a los manifestantes.

Las fuerzas de seguridad rodearon como otros viernes las mezquitas para evitar las marchas contrarias al régimen que suelen salir de estos centros.

Además de las dos víctimas de Idleb, los Comités documentaron siete muertos más, registrados en Hasaka (noreste), los alrededores de la capital, Homs (centro) y Hama, donde el Observatorio también reportó un número indeterminado de fallecidos.

La violencia persiste en Siria pese al alto el fuego, en vigor desde el pasado 12 de abril, y la presencia en el país de observadores de la ONU.

Un grupo de estos "cascos azules", que vigilan el cumplimiento del plan de paz del mediador internacional Kofi Annan, visitó hoy la localidad de Al Qusair en Homs.

Ayer, la explosión de dos coches bomba en la zona de Qazaz, en la periferia de Damasco, causó al menos 55 muertos y 372 heridos, según las autoridades, que acusaron a "grupos terroristas" de la masacre.

Desde el comienzo de la revuelta en marzo de 2011, más de 10.000 personas han muerto por la violencia en Siria, según datos de la ONU, que cifra en 230.000 los desplazados internos y en más de 60.000 los refugiados en países limítrofes, como Turquía y Líbano.