Un iraquí cuyo hermano fue asesinado en la peor matanza en Noruega en tiempos de paz lanzó el viernes un zapato al asesino confeso y le gritó que se fuera al infierno, en un incidente que interrumpió brevemente el juicio a Anders Behring Breivik.

El incidente fue la primera muestra de indignación en el tribunal donde el ultraderechista fanático es juzgado por los ataques con una bomba y disparos que dejaron 77 muertos el 22 de julio.

Hayder Mustafa Qasim, de 20 años, viajó esta semana a Noruega desde Bagdad para asistir al juicio contra Breivik en el distrito de Oslo, dijo su abogado, Kari Nessa Nordtun, a The Associated Press.

Su hermano Karar Mustafa Qasim, de 19 años, que se había mudado a Noruega en busca de asilo, fue una de las víctimas del ataque de Breivik en un campamento juvenil, dijo Nordtun.

"Me saqué el zapato, me levanté, le grité al asesino y le arrojé el zapato", dijo Qasim, según el periódico noruego Aftenposten.

"El estaba solo en Noruega, sin la familia", dijo Qasim de su hermano. "El asesino le arrebató la vida. Y arruinó mi vida y la de mi familia. He venido de Irak a Noruega para estar en el tribunal".

Arrojar zapatos a modo de insulto ha sido una forma de protesta en muchos países, pero la práctica cobró atención mundial cuando un iraquí le lanzó sus dos zapatos al entonces presidente estadounidense George W. Bush en una conferencia de prensa televisada en Bagdad en el 2008 durante la guerra de Irak.

Los testigos dijeron que los forenses mencionaban informes de autopsias de algunas de las víctimas cuando un hombre en la segunda fila se levantó de pronto y arrojó un zapato al escritorio donde estaban Breivik y sus abogados defensores.

"Le gritó '¡Asesino, vete al infierno!' Y lo repitió varias veces en inglés", dijo Mikaela Akerman, una periodista sueca que estaba en el tribunal.

El zapato dio en una abogada sin lastimarla.

Breivik permaneció en calma y "rió un poco" mientras miraba cómo los guardias de seguridad retiraban al hombre, dijo Akerman a la AP.

"Siguió gritando y llorando mientras lo retiraban", agregó. "Algunos de los espectadores aplaudieron. Otros gritaron '¡Bravo!' Muchos otros empezaron a llorar".

Breivik habló al tribunal cuando se reanudó el proceso diez minutos después. "Si alguien quiere arrojarme algo, puede hacerlo cuando entro o cuando salgo, gracias", dijo, según Akerman.

El jefe de operaciones policiales Rune Bjoersvik dijo que el iraquí estaba emocionalmente afectado y fue retirado del tribunal en una ambulancia.