El presidente electo Francois Hollande sugirió el viernes que el gobierno del mandatario saliente Nicolas Sarkozy subestimó los problemas presupuestarios de Francia, por lo que quiere una nueva auditoría de la contabilidad gubernamental.

Empero, el socialista Hollande, elegido el domingo como líder de la quinta economía mundial, dijo que ello minaría su capacidad para cumplir las promesas electorales. Entre ellas figuran mayores impuestos para los acaudalados, y la congelación de ciertos gastos gubernamentales.

Y Hollande mantuvo sus objetivos en la reducción del déficit pese a las nuevas estadísticas de la Unión Europea difundidas el viernes según las cuales Francia y el resto de la eurozona encaran un sombrío panorama.

"Sé desde hace varias semanas que hubo un mayor deterioro que lo admitido por el gobierno saliente. Hemos llegado a la conclusión de que esto lo confirma", dijo Hollande a los periodistas en la ciudad central de Tulle.

Señaló que las nuevas cifras no indican necesariamente que tenga menos amplitud de maniobra tras jurar el martes el cargo.

"No, ya lo habíamos anticipado", dijo en comentarios transmitidos por la televisión francesa.

Agregó que pidió al Tribunal de Cuentas una auditoría del presupuesto, que será completada a fines de junio.

La Comisión Europea pronosticó un crecimiento para Francia del 0,5% este año y del 1,3% el próximo si se mantiene la política económica y fiscal actual. Hollande aspira a un 1,7% de crecimiento el próximo año.

El pronóstico de la comisión indica que el déficit presupuestario francés será del 4,2% el próximo año, por encima del 3% prometido por líder socialista.

Hollande hizo campaña con la promesa de cesar las medidas de austeridad iniciadas por Sarkozy, por considerar que Francia y otros países europeos necesitan planes gubernamentales de estímulo — mayor gasto público — para volver al crecimiento. Sarkozy sostuvo que un mayor gasto gubernamental sólo logrará empeorar el problema de la deuda soberana y asustar a los mercados e inversionistas.

Hollande encara ahora elecciones parlamentarias el próximo mes, que determinarán la composición de su gobierno.

La Asamblea Nacional está dominada por el partido conservador de Sarkozy, el UMP, aunque la mayoría de los sondeos de opinión sugieren que los socialistas y sus aliados obtendrán mayoría. El partido derechista de Marine Le Pen, el Frente Nacional, aspira a ser partido bisagra tras quedar en tercer lugar en los comicios presidenciales.