El presidente de EE.UU., Barack Obama, ve en el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia no sólo una herramienta para la recuperación económica en casa sino también una pieza clave para su estrategia geopolítica en la región.

Obama considera que la reactivación económica pasa por la duplicación de las exportaciones de EE.UU. para 2014 y la entrada en vigor del TLC el próximo 15 de mayo es clave para lograr esa meta.

Para Obama, el pacto es una apuesta con la que ambos países "ganan": EE.UU., porque aumentará sus exportaciones por más de mil millones de dólares y con esa bonanza creará empleos, y Colombia, porque tendrá abiertas las puertas de par en par al mercado estadounidense, que ya es el principal destino de sus productos.

En 2011, las exportaciones a Colombia totalizaron 14.300 millones de dólares y, según la Comisión de Comercio Internacional, el TLC aumentará en 2.500 millones de dólares el Producto Interno Bruto de EE.UU.

Según expertos consultados por Efe, el pacto es una evolución natural de la alianza que han mantenido durante décadas EE.UU. y Colombia en su lucha contra la guerrilla y el narcotráfico y para impedir que ese país se convirtiese en un "Estado fallido".

"Es de suma importancia política para EE.UU. porque envía una señal de que trata con seriedad las negociaciones comerciales y cumple con su palabra. Esto se da en el contexto de una lucha ideológica entre el presidente (venezolano Hugo) Chávez, por un lado, y las democracias de mercado, por otro", dijo Ian Vásquez, analista del Instituto Cato.

"Es importante que se vea que EE.UU. sigue promoviendo el desarrollo económico y la consolidación de la democracia, y el TLC facilita eso", agregó Vásquez.

Frente a países como China, que buscan tener más influencia en América Latina, "¿qué mejor para la diplomacia de Washington que mostrar su apoyo a países alineados con los principios democráticos que promueve y defiende en la región?", enfatizó.

En ese sentido, Stephen Johnson, director del programa de las Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), dijo que con el TLC, "la Administración Obama evita mostrar debilidad en su política hacia América Latina".

"Los otros acuerdos de EE.UU. con la región tampoco fueron fáciles... (pero) China no necesariamente requiere la aprobación de un Congreso beligerante en temas comerciales. Acá, las dos partes ganan: EE.UU. se beneficia con las desgravaciones a sus productos y Colombia recibe su respaldo como un socio fiable, además de que demuestra que está 'abierto para los negocios'", enfatizó Johnson.

Para el economista Isaac Cohen, el TLC no solo complementa la estrecha alianza estratégica, sino que es un "reconocimiento de que ha mejorado la situación de derechos humanos (en Colombia)", como lo ha tenido que certificar Obama para que el TLC entre en vigor.

Para países que han incrementado el comercio con China -por su interés en materias primas de América Latina-, como Chile, Perú y ahora Colombia, "tener un TLC con EE.UU. es un instrumento esencial para diversificar sus relaciones comerciales", observó.

En cuanto al comercio internacional "la poligamia es lo que funciona" porque, pese al intercambio con China, el comercio entre EE.UU. y la región también abarca el abastecimiento de bienes manufacturados, "lo cual contribuye a diversificar el comercio exterior", explicó Cohen.

Sin embargo, los detractores del acuerdo, en especial los sindicatos que forman parte de la médula del Partido Demócrata, mantienen una vena proteccionista y advierten de una mayor fuga de empleos al exterior.

El "plan de acción" de nueve puntos que suscribió Colombia en abril de 2011 para mejorar las condiciones laborales no logró aplacar sus críticas por la violencia contra sindicalistas en ese país.

Richard Trumka, presidente de la mayor federación sindical de Estados Unidos, la AFL-CIO, ha acusado al Gobierno de Obama de "anteponer los intereses comerciales a los de los trabajadores y sus sindicatos".

El TLC fue suscrito en noviembre de 2006, durante la presidencia de George W. Bush, tras más de dos años de negociaciones pero, debido a la oposición demócrata, el Congreso no lo ratificó hasta octubre de 2011, junto a los de Panamá y Corea del Sur.

Entre otros elementos, el pacto garantiza una desgravación total y permanente de todas las exportaciones colombianas, y elimina de inmediato los aranceles al 80% de las exportaciones estadounidenses de bienes industriales y de productos al consumidor, y los aranceles a casi el 70% de sus productos agrícolas.