La incorporación a bandas delictivas de policías, expolicías y drogadictos; el uso de moteles y hoteles sin recepción y hasta la aplicación de prácticas de guerrilla urbana y el uso de armas largas complican la lucha contra los secuestros, un delito en auge en Venezuela, dijeron hoy a Efe varios expertos.

Las cifras oficiales sobre secuestros son escasas en Venezuela. El ministro del Interior, Tareck el Aissami, dijo en su último reporte en febrero pasado que, además de los 1.347 homicidios de enero, ese mes hubo 37 secuestros, una caída de un 34 % con respecto a los 56 que esa modalidad delictiva registró en enero de 2011.

De acuerdo con datos de la organización no gubernamental Instituto de Investigaciones de Convivencia y Seguridad Ciudadana (Incosec) en 2010 se denunciaron 686 secuestros y el año pasado se alcanzó un máximo histórico con 1.150 casos.

El abogado y criminólogo Fermín Mármol, hijo del recientemente fallecido primer comisario general venezolano del mismo nombre, explicó a Efe que el crimen incorpora constantes novedades.

Este año se reportó la utilización de hoteles y moteles "sin recepción", donde los empleados no ven a quienes ocupan las habitaciones ni el automóvil en el que llegaron.

Además, se ha observado que en el secuestro hay división del trabajo en las bandas y deja a parte de sus integrantes la tarea de capturar y negociar el rescate y a otros la de custodiar a las víctimas.

En otros casos permanecieron en estacionamientos de vehículos de carga pesada y transporte público, "usados como guaridas nocturnas".

Una fuente del Cuerpo de Investigaciones Penales y Criminalísticas (Cicpc) que pidió no ser identificada confirmó a Efe el reparto de "labores diferentes".

Así quienes secuestran y exigen el rescate lo hacen telefónicamente desde lugares distintos al que es llevado y mantenido el secuestrado, por lo general vendado y maniatado.

"Antes los paseaban por las calles y avenidas para dificultar la localización de las llamadas telefónicas", añadió la fuente, al destacar que el secuestro exprés "es de poco riesgo para quienes lo perpetran y muy rentable, con ganancias rápidas".

Se somete a víctimas indefensas y ello "no se compara con el riesgo de enfrentar a agentes de seguridad" de bancos y joyerías o emboscar vehículos de transporte de valores, indicó la fuente del Cicpc.

Otras fuentes policiales dijeron a Efe que en las nuevas formas es habitual que un secuestrador subcontrate a los captores, al negociador, al encargado de mantener al secuestrado y a otros elementos necesarios para llevar a cabo un rapto, de forma que no se conozcan entre sí y hagan más difícil llegar al autor.

Varios diplomáticos figuran en la lista de secuestrados en los últimos meses, entre ellos el cónsul chileno en Caracas, Juan Carlos Fernández, quien fue liberado con un disparo en el glúteo.

Mármol explicó que además de "malos" agentes y exagentes esas bandas están integradas por los llamados "cocosecos", jóvenes drogados "muy violentos" con "un código mental que los lleva al gusto por el dinero" y adicionalmente "al reconocimiento".

"Lo más importante para el 'cocoseco' es el respeto. La vida peligra cuando se siente irrespetado por la familia del plagiado o por éste", dijo.

La defensa contra este tipo de delito con la utilización de vehículos blindados ha llevado a los delincuentes a armarse con fusiles de asalto y así "las víctimas comprenden que su blindaje no es suficiente y renuncian a escapar".

Pese a todo, un 98 % de las víctimas reportadas este año han sido liberadas sanas y salvas, tras permanecer pocas horas en poder de delincuentes "que no se conforman con un secuestro" y han desarrollo capacidades "de someter a dos y hasta tres personas simultáneamente", agregó Mármol.

Reportes de prensa sobre diversos casos de secuestro en Caracas en las últimas semanas han dado cuenta de que las víctimas introducidas en un mismo vehículo se dan ánimos mutuamente.

Según los informes que periódicamente remiten los Gobiernos a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Venezuela figura en el noveno lugar de los países con mayor número de secuestros en relación al número de sus habitantes y Colombia en el décimo.

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Aldo Rodríguez Villouta