Estudiantes de medicina se enfrentaron con piedras, pintura y petardos a policías que arremetieron el jueves con gases lacrimógenos y chorros de agua en una importante vía de la capital, en el segundo día de disturbios que en la víspera dejaron nueve heridos y tres detenidos.

El jueves, el epicentro ya no fue los alrededores del palacio presidencial como la víspera, sino el Ministerio de Salud. Similares protestas se registraron en las principales ciudades del país.

La policía colocó vallas de hierro y reforzó con varias hileras de sus hombres fuertemente pertrechados los accesos a la plaza de armas, donde está el despacho de Evo Morales, para evitar que se repitieran a sus inmediaciones los desórdenes de la víspera.

La Central Obrera Boliviana (COB), ex aliada de Morales, convocó a tres días de protestas desde el miércoles en rechazo al 8% de incremento salarial dispuesto por el gobierno para los trabajadores públicos, pues lo consideran insuficiente. Un grupo de mineros detonó pequeñas cargas de dinamita durante el paso de los manifestantes.

A la COB se unieron universitarios y salubristas que desde hace más de un mes mantienen un conflicto con el gobierno por una norma que eleva de seis a ocho horas sin compensación salarial la jornada laboral diaria en los centros estatales. Los universitarios se han solidarizado con ese sector.

"Cómo es que la COB defiende un privilegio de trabajar seis horas? Estoy sorprendido. El incremento al salario básico es del 23%, no hubo algo así antes", se quejó Morales con los periodistas, a los cuales les reprochó porque considera que magnifican los conflictos.

En el primer trimestre del año hubo 300 protestas, según un informe de la no gubernamental Fundación Unir.

Son sobre todo urbanas y están alentadas por clases medias, asalariados y mestizos a los que el gobierno relegó e intentó subordinar, dijo a la AP el analista y profesor universitario Carlos Cordero, al consultarlo sobre las crecientes muestras de insatisfacción de la población.