Juan Miguel Núñez

Una tarde para olvidar, circunstancia que hay que achacar a la falta de toros, abrió hoy la feria taurina de San Isidro, en Madrid.

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FICHA DEL FESTEJO.- Cinco toros de "El Cortijillo" y uno, el cuarto, de Lozano Hermanos, del mismo encaste y casa ganadera, bien presentados pero mansos y deslucidos en extremo.

Miguel Abellán: dos pinchazos y casi entera desprendida (silencio); y pinchazo, estocada y cuatro descabellos (silencio).

Leandro Marcos: dos pinchazos, otro hondo y descabello (silencio tras aviso); estocada rinconera y descabello (silencio tras aviso).

Antonio Nazaré, que confirmaba la alternativa: pinchazo y bajonazo (silencio); y pinchazo y estocada (silencio).

En cuadrillas, Miguel Martín se desmonteró en el tercero tras parear con belleza y exposición, y Rafael González clavó también un buen par en el quinto.

La plaza casi se llenó, con ligeras "calvas" en los altos del sol, en tarde de mucho calor.

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DESESPERANTE EN EL RUEDO E INSUFRIBLE EN EL TENDIDO

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La corrida no ha dado la más mínima opción. Mansedumbre y sosería de parte de los toros. Por más voluntad que quisieron poner los toreros, ningún astado terminó de ir para adelante. Eso, en el ruedo. Y aparte, en el tendido, el calor.

Por donde se le mire, la tarde resultó insufrible en el tendido y desesperante en el ruedo.

Noblote y con cierta movilidad, el que abrió plaza y feria, con el que confirmó la alternativa Antonio Nazaré, enseguida se vino abajo. Desrazado, al segundo muletazo se escupía sólo para fuera, suelto del engaño. El hombre estuvo templadito y a media altura, evitando provocarle, y quizás también por esto le faltó colocación. Pero no valen contemplaciones con el toro, culpable de la nada que fue la faena.

En el sexto, con la tarde ya vencida por tantas embestidas insulsas y trasteos consecuentemente, se volvió a repetir la historia. Nazaré se marchó inédito por la falta de enemigos.

Al padrino Abellán le tocó un primer toro que se movió más, pero informal, sin descolcar y derrotando al final de los muletazos antes de quedarse aplomado. La faena, por no rendirse el torero, fue de pases para allá y para acá, pero sin poso, de nuevo por culpa del astado.

También el cuarto "se rajó" a las primeras de cambio, distraído en el capote y buscando las tablas desde el comienzo en la muleta. En las proximidades de chiqueros Abellán insistió, firme hasta lo imposible, pero ni a favor de la querencia le pudo robar dos muletazos seguidos, por supuesto con el toro siempre a menos.

Leandro cuando menos llegó a esparcir algún detalle con aroma de torería en su también nulo primero, toro que aguantó apenas la apertura, donde se recreó el de Valladolid en cuatro muletazos de "crujío" y personalidad, con parsimonia y gusto. Pero hasta ahí, ya que la primera serie a derechas no pasó de dos y el de pecho. El toro, cada vez más apagado, se quedó en las apariencias, como lamentablemente pasó también con la faena.

En la lidia al quinto hubo cierto desorden al principio por la mansedumbre del toro, que hizo honor a su condición al ir por dos veces de caballo a caballo. Sin brío ni codicia en el último tercio, tampoco tenía sentido la insistencia de Leandro en buscarle las vueltas que no tenía. EFE

jmnb/ap