El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) anunció hoy que se replantea sus actividades en Pakistán, tras el asesinato de uno de sus delegados, un médico que dirigía un programa de salud en la convulsa provincia de Baluchistán.

El médico británico Khalil Rasjed Dale fue secuestrado a principios del pasado enero en la zona de Quetta (suroeste del país), donde residía y trabajaba, y sus restos fueron encontrados a finales de abril.

El asesinato de Dale, que fue decapitado, hizo que el organismo suspendiera de inmediato sus operaciones en Peshawar, Karachi, lo que ya había hecho en Baluchistán cuando ocurrió el secuestro.

Según las autoridades locales, el acto fue reivindicado por los talibanes paquistaníes, que habrían aludido a un rescate que no fue pagado.

En este contexto, la organización explicó que el reciente ataque la ha llevado a "reconsiderar completamente el equilibrio entre el impacto humanitario de nuestras actividades y los riesgos para nuestros empleados".

El jefe de la oficina del CICR en Pakistán, Paul Castella, lamentó la suspensión -por ahora parcial y temporal- de su trabajo por el impacto negativo que tendrá sobre las personas que reciben asistencia y que son las más vulnerables de la sociedad.

La medida también afecta a 500 empleados locales a quienes se les sigue pagando, pero que ahora no trabajarán por decisión de la organización, además de a 50 empleados extranjeros de los 80 con que cuenta en todo Pakistán.

La decisión definitiva sobre la continuación o no de la presencia del CICR en Pakistán, y dónde o bajo qué condiciones, "será tomada en las próximas semanas", aseguró Castella.