El Senado de Argentina aprobó el miércoles por mayoría abrumadora una iniciativa de ley para "morir con dignidad", la cual busca darle a los pacientes terminales y sus familias más capacidad de decidir cómo pasar sus últimos días.

La ley fue aprobada por una votación de 55 a cero, con 17 senadores ausentes.

Ahora, las familias argentinas no tendrán que luchar por hallar jueces que le ordenen a los médicos poner fin al apoyo vital a sus familiares moribundos o en un estado vegetativo permanente.

Obtener dicha aprobación puede ser muy difícil en muchos países, particularmente en América Latina, donde la oposición de la Iglesia Católica aún es fuerte.

"Me parece muy bien. Si estoy bien, eso lo tengo que decidir yo, pero si no, tengo confianza en mi hija", dijo Angel Robles, un taxista retirado de 71 años con cáncer terminal de esófago que entró a un hospicio la semana pasada.

La ley, aprobada en la Cámara de Diputados el año pasado, se aplica tanto a los enfermos terminales como a los pacientes que sufren enfermedades o heridas irreversibles e incurables, y establece que tienen derecho a negarse a operaciones quirúrgicas, hidratación y nutrición, reanimación y sistemas de soporte vital.

En vez de buscar una orden judicial, todo lo que necesitan es preparar una instrucción anticipada sobre el cuidado de su salud y firmarla ante un notario, con dos testigos presentes.

Los desafíos éticos que implica la situación se agravan cuando el paciente ya no puede hablar y no ha preparado un documento formal anticipadamente. En estos casos, la ley argentina faculta a los familiares o representantes legales a tomar la decisión en nombre del paciente.

Algunos legisladores manifestaron malestar por la posibilidad de desconectar el soporte vital a alguien que ya no puede comunicarse. El diputado Julián Obligo, del partido conservador PRO (Propuesta Republicana), rogó a sus colegas eliminar esa referencia bajo el argumento de que equivalía a eutanasia al acelerar la muerte.

Sonia Escudero, miembro disidente del partido peronista gobernante, sostuvo que retirar la nutrición y la hidratación podría causar dolor a un moribundo.

Pero expertos en Medicina y Bioética dijeron lo contrario: que las evidencias científicas demuestran que los moribundos naturalmente dejan de comer y beber por un motivo, que sus organismos se están extinguiendo y que alimentarlos forzosamente les causa dolor. En cambio, sin alimentos ni bebida, el metabolismo produce sustancias que causan un sentimiento de euforia.

Al retirar las sondas de alimentación, "uno hace que pasen su tiempo más cómodos, no menos, cuando están cerca de la muerte", dijo Dan Brock, profesor de ética médica en la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts. "Toda la evidencia indica que no están sufriendo", agregó.

"Esto fue altamente controversial hace 20 años cuando comenzó a debatirse en Estados Unidos y la Iglesia católica aún se opone a ello oficialmente, pero de todas formas aquí ya es ahora un asunto de práctica médica aceptada", agregó Brock.

"Esto es importante porque, en general, América Latina ha estado muy retrasada en estos asuntos, así que es agradable ver a Argentina encabezando el camino", dijo.

Alfredo Martínez, senador del opositor Partido Radical, que respaldó la iniciativa, consideró que va por buen camino.

"No hay ningún punto en esta ley que nos dé ninguna duda de que estamos haciendo las cosas bien. Y sin duda, por supuesto, resta mucho por hacer", afirmó.

Al inclinar la balanza de las decisiones al final de la vida hacia los pacientes y sus familias, la ley debería ayudar a reformar un sistema médico que ha sido demasiado paternalista, con doctores o jueces que toman decisiones que ignoran o entran en conflicto con los deseos de los pacientes, dijo la doctora Isabel Pincemin, directora médica del Hospicio San Camilo, donde se ha atendido a cientos de moribundos en una casa ubicada a sólo unas cuadras de la residencia presidencial.

"Esa ley en una manera invita a todos los médicos a tomar en cuenta los deseos del paciente, pero lo que falta es un cambio cultural", afirmó.

"Una de las cosas más negadas en nuestra sociedad es la muerte. Hay una negación de nuestra finalidad. Hemos perdido el conocimiento que la muerte es parte de la naturaleza ... y así tratan de mantener la vida aún en situaciones imposibles", añadió.

Lo que Argentina necesita ahora es una ley de cuidados paliativos que requiera que los proveedores de servicios de salud respalden a los hospicios para los enfermos terminales, dijo. Sólo hay media decena de hospicios en el país de 40 millones de habitantes, y muy pocas personas saben que supuestamente los moribundos deben recibir analgésicos gratuitos.

"Demasiada gente muere horriblemente mal, a solas y abandonada", dijo.

Robles está agradecido de que su médico le informara del hospicio, donde voluntarios le proporcionan atención gratuita las 24 horas.

"Ojalá que muera así... que nadie sufra", dijo Robles, refiriéndose a la ley. "A nadie le gusta ver sufrir a una persona".