La corrida desde antes del ruedo, los miedos y anhelos del hombre en la metamorfosis a torero y las secuencias de la lidia en su desarrollo más puro, son el hilo conductor de "Antoñete, la tauromaquia de la movida", de Javier Manzano, presentado hoy en la plaza de Las Ventas en Madrid.

La obra no pretende ser un tratado de tauromaquia, como advirtió en su día el propio Antonio Chenel al autor. "Él no quería que esto fuera una cartilla, ni que se hablara de un 'Antoñete' que emuló al mítico Pepe-Hillo. Su planteamiento era decir cómo se torea y qué es la torería".

"En el libro, a preguntas mías, Antoñete habla básicamente de los lances y suertes de la ortodoxia y el clasicismo, y observa la evolución del astado. Porque su gran inquietud era enseñar a ver el toro para comprender el toreo", explicó Manzano.

Chenel le contó al autor muchos detalles de su infancia que sirven para comprender lo que llegó a ser luego en la vida, como que "sus primeros amigos fueron los toros", ya que vivió muy cerca de ellos, en la misma plaza de Las Ventas donde su cuñado Paco Parejo era mayoral.

También le dijo que "después aprendió a ser toro, haciendo de toro para los matadores Manolo Navarro o 'Parrita', que iban allí a entrenar. Y es así cómo descubre las claves del toreo", escribe Manzano.

Todo el protagonismo en la tauromaquia de Chenel lo tiene el toro, como se pone de manifiesto en muchos pasajes del libro, cuando Manzano cuenta las grandes faenas basadas en la distancia y la colocación. "Antoñete insistía en que la clave de este negocio es el toro, la emoción que aporta, y para eso hay que dejar que la gente lo vea bien".

El libro, editado por Reino de Cordelia, incluye una notable documentación gráfica con la firma de Botán.

El prólogo es del cantante Jaime Urrutia, hijo del crítico del desaparecido Diario Madrid Julio Urrutia y que ha inspirado el título, ya que en el entierro de "Antoñete" al pedirle los periodistas una opinión del maestro contestó que "fue el torero de la movida".

"Y efectivamente -recuerda Manzano-, en el máximo esplendor de la movida se dio también la plenitud del toreo de Antoñete. Antes de él a Las Ventas venían unas cuatro mil personas, y cuando vieron cómo toreaba, de repente descubrieron el toreo eterno y empezó a llenarse la plaza. Con él llegaron a los toros la gente de la movida, muchos famosos y sobre todo jóvenes".

El libro tiene dos apéndices finales, en el primero de los cuales se recogen crónicas y críticas sobre sus actuaciones de las plumas entonces en boga como Joaquín Vidal, Molés, Navalón y "Barquerito", entre otros. Por cierto, una de Vidal, deliciosa, explica que "salió el maestro al encerado, cogió la tiza y enseñó el teorema del toreo".

El segundo apéndice se ocupa de la estadística de "Antoñete" en "su" plaza de Las Ventas.

En el acto de presentación del libro, celebrado en la remozada Sala Antonio Bienvenida de la monumental madrileña, intervino el director gerente del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, el también escritor Carlos Abella, que glosó la figura de "Antoñete" recordando anécdotas personales, una de ellas definitiva para entender su pasión por el toreo.

"Estábamos comiendo juntos en un restaurante el 11-S cuando un camarero vino a decirnos que unos aviones habían derribado las torres gemelas. Aquello no le distrajo en absoluto de la conversación que manteníamos sobre el famoso toro ensabanao de Osborne que le encumbró, del que seguía contando que embestía así y le hizo aquello y lo otro". EFE