Liván Hernández estaba incrédulo, preguntándose por qué sus compañeros de los Bravos de Atlanta le felicitaban efusivamente.

Resulta que el lanzador cubano, luego de 17 años de carrera en las Grandes Ligas, acababa de conseguir su primer salvamento.

"Nunca había estado en esa situación. Me enteré tras el juego. '¿En serio?''', relató Hernández luego de una victoria sobre Colorado el fin de semana. "Pero estuvo bien. No está mal cerrar un juego tirando strikes".

"Yo espero que no se le suban los humos y se declare como el cerrador", bromeó el mánager de los Bravos Fredi González.

El que a Hernández, con su repertorio de pitcheos de cámara lenta, le tocara la tarea de cerrar un juego fue algo circunstancial, pero al mismo tiempo refleja que la misión de sacar los últimos outs es una que puede cambiar de manos sin traumas y sin tener que recurrir a brazos de renombre.

Esto se ha hecho más evidente ante la epidemia de lesiones que ha asolado en las mayores en estas primeras semanas de la temporada regular.

Mariano Rivera (Yanquis), Brian Wilson (Gigantes), Andrew Bailey (Medias Rojas), Joakim Soria (Reales), Kyle Farnsworth (Rays), Ryan Madson (Rojos), Drew Storen (Nacionales), Huston Street (Padres) y Sergio Santos (Azulejos) están entre los que han quedado fuera de combate.

Otros equipos han tenido que cambiar de cerrador por mal rendimiento: Steve Cishek tomó el puesto de Heath Bell en los Marlins, Kenley Jansen por Javy Guerra en los Dodgers, Rafael Dolís por Carlos Mármol en los Cachorros y Chris Sale por Héctor Santiago en los Medias Blancas.

En Detroit, el manager de los Tigres Jim Leyland ya debe estar preocupado con José Valverde. Perfecto el año pasado, con 49 salvamentos en igual número de intentos, el dominicano ya lleva dos oportunidades malogradas. Su efectividad es una astronómica de 5.68, mientras que su cuenta de bases por bolas (8) está casi equilibrada con los ponches (10).

"Lo del año pasado ya es historia", declaró Valverde tras dejar escapar un salvado el fin de semana al permitir un jonrón de Adam Dunn de los Medias Blancas. "Todo el mundo sabe que el oficio de cerrador no es fácil. Un pitcheo puede decidir el juego".

También por flojos resultados, los Angelinos de Los Angeles ya habían prescindido de Jordan Walden por Scott Downs, pero éste acaba de sufrir un golpe en la rodilla izquierda, obligando a que el piloto Mike Scioscia opte por alternar relevistas de momento en el noveno.

Así es la rutina con los cerradores en las mayores, siempre inestable y sujeta a la improvisación.

No todos pueden darse el lujo de tener la regularidad que ofrece gente como el panameño Rivera, quien hasta sufrir un desgarro de ligamento cruzado en la rodilla derecha la semana pasada no había estado en la lista de lesionados desde el inicio de la campaña de 2003.

Sólo fíjense en los Rays de Tampa Bay, con el asombroso hecho que desde Joe Maddon asumió como mánager en 2006 han tenido líderes diferentes de rescates en cada campaña, con una lista de nombres que incluye a Alberto Reyes, Troy Percival, J.P. Howell, Rafael Soriano y Farnsworth.

Cuando Farnsworth no pudo arrancar la campaña por un esguince en el codo derecho, Maddon se fijó en el dominicano Fernando Rodney. Hasta ahora, el resultado ha sido impecable: nueve rescates en igual número de oportunidades. Llamativamente, la efectividad y WHIP (boletos e hits por innings) de Rodney coinciden en 0.73.

Los Orioles de Baltimore y los Nacionales de Washington son los sorprendentes líderes en la división Este de ambas ligas, y no es ninguna casualidad que su éxito se debe al desempeño sobresaliente del bullpen.

Ninguno tiene un cerrador famoso y caro, como hicieron los Marlins al darle un contrato de 27 millones de dólares por tres temporadas a Bell.

Jim Johnson (8 de 8 en rescates) es el cerrador de unos Orioles cuyo grupo de relevistas lidera las mayores con efectividad de 1.54. El venezolano Henry Rodríguez (6 de 7, 1.50 de efectividad) ha respondido en Washington tras las bajas de Storen y Brad Lidge.

¿Y por qué tantos lesionados? Según una teoría, la principal incidencia de lesiones son las de codo y eso se debe a que los taponeros rozan las 100 millas por horas en sus lanzamientos. Son pocos lo que lo hacen con precisión, como el caso de Rivera y cuya lesión se produjo cuando fildeaba elevados durante una práctica de bateo.

Según una cuenta de STATS, desde 2000, se han dado siete temporadas en las que 10 o más cerradores tuvieron que parar en la lista de incapacitados, incluyendo un máximo de 15 en 2008 y 14 el año pasado.

"El ciclo para un cerrador en Grandes Ligas es el más corto", resaltó el cerrador de los Mellizos Matt Capps. "A veces, hay que cruzar los dedos y esperar que todo salga bien".

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Eric Núñez está en Twitter como http://www.twitter.com/EricNunezAP