La librería "El Burro Culto" se ha convertido en un espacio clandestino de Ciudad de México, un lugar al que acuden personas que buscan "el pedigrí" de obras literarias selectas y exclusivas, como una primera edición firmada por su autor.

Según cuenta a Efe su fundador y propietario, Max Ramos, de 42 años y natural de Papelitas, en el estado mexicano de Puebla, los clientes asiduos de "El Burro Culto" son personas "movidas por la curiosidad" que, en muchas ocasiones, "ya lo han comprado todo", y que necesitan conocer "algo más" sobre la historia de un libro.

La vocación literaria de Ramos le viene de su infancia transcurrida entre orfanatos. Su timidez le hizo enclaustrarse en la antiquísima biblioteca de uno de los hospicios para quitarle "todo el polvo" que habitaba entre sus obsoletos libros.

Ya de mayor, Max Ramos se dedicó a visitar barrios con tradición librera para construir su colección particular, que ahora integra este espacio clandestino en el que se esconde el linaje de los libros.

El "Burro Culto" es un espacio clandestino de Ciudad de México al que sólo se accede mediante cita telefónica previa. Posteriormente, un empleado conduce al interesado por las calles de la colonia Roma de Ciudad de México hasta la puerta del edificio de vecinos en el que se ubica esta mágica librería.

Una cama con dosel da la bienvenida al visitante, que debe adentrarse a través de un departamento laberíntico con bajos techos hasta una puerta giratoria camuflada que da acceso a pasillos y pasillos repletos de historias.

Bajo el suelo de madera, Ramos y sus socios enterraron, a modo simbólico, un baúl con 50 obras representativas de la literatura mexicana, como Pedro Páramo, de Juan Rulfo, o primeras ediciones firmadas por sus autores, con la intención de que, dentro de unos años, alguien lo encuentre "como quien encuentra una momia egipcia".

En cuanto al intercambio de libros, su propietario explica que existen distintas fórmulas y pone como ejemplo los libros antiguos, tipo códice, heredados familiarmente y que los herederos no saben qué hacer con ellos.

"Nosotros analizamos si están en buen estado y vemos si los adquirimos o no", dice Ramos, especialista en dramaturgia, entre cuyos sueños está convertir la biblioteca en un hostal para bibliófilos, una librería-anticuario que ofrezca hospedaje a los clientes.