PARIS — En 2007, cuando llegó al poder, el presidente Nicolas Sarkozy parecía el hombre idóneo para dinamizar la aletargada economía mediante sus promesas de ruptura con el pasado. Pero cinco años después, cualquier optimismo generado por su victoria ha cedido el paso a la desesperanza y las recriminaciones.

Y el candidato socialista Francois Hollande, que según las encuestas se llevará el triunfo por un margen amplio, no ha desaprovechado la oportunidad de criticar a Sarkozy por su manejo de la economía nacional.

"Hemos retrocedido", declaró Hollande, quien rechazó la afirmación de Sarkozy en el sentido de que las políticas socialistas son la causa del mal desempeño económico de Francia en los años recientes. "Nuestro desempleo ha aumentado y nuestra competitividad ha caído. Alemania, en todos los aspectos, va mejor que nosotros".

Si Hollande gana las elecciones del domingo e implementa un programa para impulsar la economía nacional ello generará dudas sobre el compromiso de Francia con el control de sus gastos, en un momento en que otros países, entre los 17 que usan el euro, adoptan una serie de medidas estrictas de austeridad para convencer a los inversionistas de que pueden moderar sus deudas.

Además, las políticas de Hollande pondrían en duda la sociedad franco-alemana que ha encabezado la respuesta de la eurozona a sus problemas financieros y que se construyó con base en la relación personal entre Sarkozy y la canciller de Alemania, Angela Merkel.

Hay preocupaciones de que, si los inversionistas están preocupados de que pueda naufragar la frágil solución para la eurozona, terminen alejándose de Europa, dejando al continente sumido en una nueva crisis financiera.

Sarkozy llegó al poder en 2007, con promesas de ambiciosas reformas económicas y laborales que sacarían a Francia del marasmo económico y la harían competitiva con las economías emergentes del mundo. Su primer ministro Francois Fillon, aseguró que había una "oleada de crecimiento", y el propio Sarkozy pidió a los votantes juzgarlo por su capacidad de cumplir aquellas promesas.

Cinco años después, al final del primer periodo de Sarkozy, el crecimiento se ha frenado, el desempleo ha llegado al 10% y la deuda nacional se ha disparado al 85% del producto interno bruto.

Algunos planes de reforma de Sarkozy han sido afectados por factores externos. Primero estuvo el frenazo económico global derivado de la crisis financiera en Estados Unidos, en 2008. Pero son los problemas de deuda de la eurozona — de la que Francia es la segunda mayor economía después de la alemana — los que han distraído más a Sarkozy de su agenda interna.

"Nicolas Sarkozy entró al Palacio del Eliseo como un reformista enérgico y dispuesto", escribió en marzo el Instituto Tomás Moro, un centro investigación con sede en París y en Bruselas. "La crisis lo ha transformado en un bombero".

Europa ha lidiado con una crisis de deuda en algunos países durante casi tres años, y ello ha planteado el riesgo de una fragmentación del bloque monetario. Tres países — Grecia, Irlanda y Portugal — han requerido ya paquetes de rescate ante los niveles insostenibles de deuda.

Hay ahora preocupaciones de que dos economías mucho más grandes, la española y la italiana, caigan en la misma situación y busquen un rescate, que a juicio de muchos, la eurozona no podría costear.

A fin de recuperar la confianza y abatir a niveles manejables los costos de préstamo de los miembros de la eurozona, 24 países en Europa, encabezados por Sarkozy y Merkel, han accedido a un "pacto fiscal", diseñado para fijar un tope en los déficit del gobierno. Ello ha implicado una serie de medidas de austeridad en Europa, en forma de despidos, reducciones salariales para los trabajadores estatales, rebaja en el presupuesto para programas sociales y aumento de los impuestos y cuotas con el fin de elevar los ingresos del gobierno.

Sin embargo, parece haber pocas evidencias de que Francia predica con el ejemplo. El país no cuenta con un presupuesto equilibrado desde hace más de tres décadas. Y durante los cinco años de la administración de Sarkozy, su déficit aumentó a 5,7% del PIB, respecto del 2,3% que representaba al comienzo.

De hecho, en un debate televisado, Sarkozy declaró orgulloso el miércoles que no quería austeridad para Francia, al afirmar que redujo el gasto casi sin dolor. Pero algunos han criticado esta política, al considerar que simplemente se hace de la vista gorda respecto de los problemas de Francia.

Junto con las medidas de austeridad en Europa han llegado nuevos proyectos que buscan generar un mayor empleo, al facilitar para las empresas la contratación y el despido de los trabajadores. Italia y España, por ejemplo, están adoptando reformas severas para modernizar sus mercados laborales, pero esa conversación ha brillado por su ausencia en la campaña electoral francesa.

Sarkozy propuso también en 2007 una nueva era de relaciones industriales. Pero los sindicatos tienen todavía un enorme poder en Francia. Apenas meses después de su elección, cuando se enfrentó al gremio del transporte, inconforme por un cambio en los planes de jubilación, Sarkozy pareció llegar a un momento clave para el país.

Pero para 2010, las huelgas volvieron a paralizar Francia, cuando Sarkozy buscó elevar la edad de retiro a los 62 años.

Los economistas dicen que la nación necesita hoy más que nunca la disciplina que el reformista Sarkozy propuso alguna vez.

"Sinceramente, Francia lucirá cada vez más como el país enfermo de Europa" si no reforma su mercado laboral ni reduce su gasto, dijo Jacob Funk Kirkegaard, economista del Instituto Peterson para la Economía Internacional.