Tomi Marjuaho reparó teléfonos móviles durante 10 años en la ciudad de Salo, en el sur de Finlandia, donde Nokia, el mayor fabricante de celulares en el mundo, instaló la sede de sus operaciones inalámbricas en la década de 1980.

En 2010, Marjuaho recibió una compensación por despido, en un momento en que Nokia comenzaba una época difícil. Desde entonces, el hombre de 39 años no encuentra empleo.

"Yo era el que se ganaba el pan para la familia y ahora no puedo pagar las cuentas", lamentó Marjuaho en el club del sindicato local de trabajadores metalúrgicos, usado ahora por los desempleados de la ciudad como centro de reuniones. "Es la misma historia con mucha gente a la que conozco desde que estábamos en Nokia".

Salo, junto con otras ciudades finlandesas vinculadas estrechamente con Nokia, enfrenta un futuro incierto, en un momento en que la empresa más famosa del país muda sus operaciones de ensamblaje de teléfonos a Asia.

Golpeada por la dura competencia que le han planteado Apple (con su iPhone), Samsung Electronics y las marcas más baratas que operan con el popular software Android de Google Inc., Nokia se ha visto obligada a reducir costos, afectando principalmente sus operaciones en Europa.

Nokia ha cerrado ya plantas en Alemania, Hungría y Rumania, y ahora le toca el turno a la instalación de ensamblaje en Finlandia. Unos 1.000 de los 3.500 empleos que había en Salo — que hasta fechas recientes era el centro emblemático de ensamblaje de la compañía — serán eliminados este año. El centro tecnológico, otrora próspero, se ha convertido ahora en una ciudad llena de tiendas vacías y polvorientas.

"Los últimos despidos nos golpearán duro", advirtió el alcalde de Salo, Antti Rantakokko, quien tiene una oficina reluciente en un edificio de vidrio y metal, inaugurado hace cuatro meses, en parte gracias a los impuestos locales que paga Nokia, los que representaron 95% de los ingresos de la ciudad por concepto de gravamen a las empresas. Esos ingresos alcanzaron 60 millones de euros (78,85 millones de dólares) en el 2010, su máximo histórico.

"Nokia se ha convertido en un símbolo de estatus para nosotros pero, más que eso, ha sido una gran fuente de ingresos", destacó el alcalde.

La compañía comenzó produciendo papel en la década de 1890, y luego se dedicó a los productos de goma, los cables y los televisores, antes de 1983, cuando llegó a Salo, un polo de la industria electrónica de Finlandia desde 60 años antes.

Nokia formó una alianza con una fabricante local de aparatos de radio y TV, lo que llevó a la formación de Nokia Mobile Phones en 1989. Dos años después, la compañía fabricó su primer celular.

Bajo las órdenes de su director general Jorma Ollila, Nokia se transformó en la mayor fabricante de teléfonos celulares del mundo en 1998, cuando rebasó en ventas a Motorola Inc. Ello representó un motivo de orgullo para un país que había pasado dificultades a fin de reconstruirse tras eludir una invasión soviética durante dos guerras contra el Ejército Rojo de Stalin.

Nokia se convirtió en la empresa más grande de Finlandia, y superó a la industria del papel y la madera como exportador, generando además empleo para miles de personas. En 2007, pagó una cifra sin precedente de 1.200 millones de euros (1.570 millones de dólares) en impuestos al gobierno.

Su participación del mercado global llegó a 40% en 2008. Pero las ventas comenzaron a caer rápidamente ante el embate de las tecnologías móviles innovadoras de Estados Unidos, el mayor mercado inalámbrico del mundo.

Las ganancias se convirtieron en pérdidas y el pago de impuestos de la compañía se hundió a unos 2 millones de euros el año pasado.

"Nadie niega que esto ha propinado un gran impacto al gobierno, pero no hay mucho que pueda hacerse", dijo Jyrki Ali-Yrkko, del Instituto de Investigación sobre la Economía Finlandesa.

La importancia de Nokia para la economía, vulnerable y dependiente de las exportaciones, quedó evidenciada por ayuda que el gobierno debió destinar con urgencia a las regiones afectadas por los despidos en la compañía.

El presidente finlandés Sauli Niinisto, originario de Salo, visitó la planta de Nokia en la ciudad el 20 de marzo, como una muestra de apoyo a los trabajadores despedidos.

"No abandonaremos a nuestros amigos ni nos daremos por vencidos", dijo Niinisto a la prensa.

Para decepción de muchos finlandeses, Nokia ha ido perdiendo gradualmente sus vínculos con su nación de origen.

Sigue teniendo sus oficinas generales en Espoo, en las inmediaciones de Helsinki, pero en 2010 nombró a un ejecutivo no finlandés como jefe de la compañía por vez primera. El canadiense Stephen Elop asumió como director general y delineó el año pasado un cambio de estrategia, al unirse con Microsoft Corp., donde había laborado, para reemplazar las plataformas operativas de la empresa por el software Windows en los celulares.

Nokia emplea todavía a 12.000 personas en Finlandia, una quinta parte de su fuerza global de trabajo, y la empresa mantendrá sus operaciones de investigación, desarrollo, planificación de productos y creación de teléfonos multiusos personalizados para clientes empresariales en Salo y en otras plantas en Finlandia, dijo el vocero de Nokia, James Etheridge.

"Finlandia ha sido y seguirá siendo un país crucial para nuestro éxito. La mayoría del equipo de ingeniería y desarrollo de Windows Phone está en Finlandia", destacó Etheridge.

Sin embargo, Nokia se ha apegado a su decisión de mudar todos los empleos de ensambladura a sus fábricas en Asia. Cuenta con dos plantas en China, una en Corea del Sur y otra en India.

Neil Mawston, de Strategy Analytics en Londres, dijo que Nokia fue una de las últimas grandes fabricantes de celulares en mudar su ensambladura de Europa a Asia, siguiendo los pasos de Samsung, Motorola y Sony Ericsson.

"Ese es el rumbo ahora, hacer la producción en mercados en desarrollo, donde está el mayor grupo de usuarios en el planeta, y realizar la investigación y planificación en mercados desarrollados", dijo Mawston. "Nokia tiene un buen historial de diseño de teléfonos multiusos en Finlandia durante los últimos 30 años, de modo que resulta sensato seguir haciendo eso".

En 2008, Nokia empleaba a 5.000 personas en Salo — casi el 10% de la población — y daba trabajo a otras 2.000 en rubros tales como la industria de tecnología de la información, que le suministraba componentes.

El alcalde Rantakokko espera que los impuestos empresariales caigan este año a 14 millones de euros, principalmente por la situación de Nokia.

Sin embargo, se mostró esperanzado. El gobierno ha dado a la municipalidad 5 millones de euros adicionales en dos años, para lidiar con el impacto de la reducción de las operaciones de Nokia.

"Los despidos son un duro golpe, pero no podemos permitir que esto nos desaliente", dijo Rantakokko. "Nokia tendrá todavía 2.500 trabajadores aquí, y seguirá siendo importante para nosotros".

"Hay un gran grupo de gente con conocimientos técnicos que se quedará sin empleo pronto, y el reto será encontrar la manera de aprovecharla".