Es uno de los duelos más esperados: Dayron Robles contra Liu Xiang en los 110 metros con vallas de los Juegos Olímpicos de Londres.

El cubano Robles conquistó el título olímpico hace cuatro años en Beijing, pero sin enfrentar al chino Liu cuando el ídolo local debió abandonar en las eliminatorias por una lesión.

La cita en el Estadio Olímpico de Londres pinta una vez más como uno de los más atractivos del atletismo.

Pero nada de eso preocupa a Robles, al afirmar que encara la cita con serenidad.

"Quiero disfrutar los Juegos Olímpicos al máximo, como si nunca hubiera participado", dijo Robles en una entrevista con la Associated Press. "Quiero ganar, pero también quiero vivir plenamente esta cita en la que uno comparte con atletas de países y culturas diferentes, algo bonito y emocionante".

Desde la final de Beijing, mucha agua ha corrido debajo del puente y las cosas no le fueron del todo bien a Robles, de 25 años.

Lo más amargo fue el desenlace del Mundial de Daegu el año pasado.

Tras cruzar la meta como primero en la final, y hasta dar la vuelta al estadio al conseguir el único título importante que le faltaba, los jueces le descalificaron por obstruir con el brazo a Liu durante la carrera. Se quedó con las manos vacías y masticando bronca.

El más reciente contratiempo fue la "molestia", según sus propias palabras, que lo obligaron a renunciar al campeonato mundial bajo techo de Turquía, en marzo, con lo que no pudo revalidar la corona de los 60 metros con vallas que conquistó hace dos años en Qatar.

"Lamento no haber participado en el mundial bajo techo, pero me siento tranquilo y motivado, la decisión no me afectó psicológicamente, espero que tampoco me afecte físicamente y pueda llegar a Londres en mi mejor forma", dijo Robles después de un entrenamiento en el estadio Panamericano de la capital cubana.

"Me siento algo presionado, pero es mejor porque no es una presión agónica, entreno con gusto consciente de la responsabilidad que tengo conmigo mismo, con mi familia, con mi entrenador, con toda mi gente", añadió.

Robles dice hablar de un duelo personal con Liu es un "mito" y sostiene que no se concentra en un solo rival: "todo el que este en una final olímpica es un rival de respetar".

Considera que los estadounidenses, como Jason Richardson (campeón mundial en Daegu) y David Oliver son los rivales más peligrosos.

"Ellos son los que más poderío tienen en los 110 metros con vallas, no van a dar su brazo a torcer fácilmente, además todo el que se clasifique en un campeonato americano está listo para ganarle a cualquiera, en cualquier escenario", indicó.

El 2008 fue el mejor año de Robles. Fue cuando batió la plusmarca mundial al marcar 12.87 segundos en la ciudad checa de Ostrava, mejor que el récord de Liu (12.88). Desde entonces, Oliver es el que más cerca ha estado con un crono de 12.89 en 2010.

Por eso, Robles asegura que "el día más impresionante y más emocionante para mí fue el récord mundial, la carrera de Ostrava me dio la confianza necesaria para seguir, y Beijing fue como terminar el trabajo".

Robles tiene fama de ser un joven serio y responsable, características de su personalidad que asume.

"Soy un poco atormentado, soy viejo antes de tiempo", dice riéndose de sí mismo. "Me preocupo mucho por todo, no fallo en el entrenamiento a pesar de que me aburre. A mí lo que me gusta es competir, y cuando el reto es fuerte, me pongo grandísimo".

Practicó judo, lucha y básquetbol en la escuela primaria en la ciudad de Guantánamo, a unos 850 kilómetros al este de la capital. Después, con 13 años, entró a la Escuela de Iniciación al Deporte donde su primer entrenador, Miguel Martínez, lo orientó hacia las vallas.

Pero a Robles le gustaba el salto alto y su ídolo se llamaba Javier Sotomayor, aún dueño del récord mundial en la prueba.

"Lo veía en la televisión y quería ser como él", recordó Robles. Con esa meta en la mente, el cubano comenzó su carrera. Tenía 17 años cuando llegó a La Habana para integrar el equipo nacional y saltó a la fama con poco más de 20 años.

"Todo me llegó muy rápido, pero seguí trabajando como si no me hubiera pasado nada", indicó. "A veces es molesto. Por ejemplo, me reconocen donde quiere que vaya. Pero nada me cambiará porque yo sé de donde vengo. No nací en una cuna de oro, en mi casa teníamos poco y mis padres me enseñaron a valorarlo todo, lo que tenía y lo que tengo".