"Seguro que Cristiano y Messi se retroalimentan. Son dos jugadores que comen aparte respecto al resto de futbolistas. Es una suerte que podamos disfrutarles sus aficiones y el mundo en general".

Esas fueron las palabras del viernes pasado del técnico del Barcelona, Pep Guardiola, tras la enésima pregunta sobre el espectacular duelo goleador que se libra esta temporada en la liga española de fútbol.

A falta de cinco fechas para la conclusión del campeonato, es tal la avalancha de goles, el ritmo de récords quebrados por los dos cañoneros supremos, que no hay más remedio que recurrir a los datos.

Cristiano Ronaldo: 27 años, nacido en la isla de Madeira (Portugal), delantero del Real Madrid, equipo líder de la liga con 85 puntos. Balón de Oro 2008. Máximo goleador de la competición con 41 tantos. Lionel Messi: 24 años, nacido en Rosario (Argentina), delantero del Barcelona, vigente campeón de liga en persecución con 81 unidades. Balón de Oro 2009, 2010 y 2011. Máximo goleador de la competición con 41 tantos.

Cristiano y Messi, con 82 goles en total, llegan empatados al sprint final y suman entre ellos más dianas que cualquiera de los restantes equipos de la primera división en las 33 fechas disputadas.

Y de los 20 clubes participantes, únicamente nueve superan sus 41 por cabeza. El límite lo marca el Espanyol con 43, y sólo después de una inusual goleada la fecha anterior al Valencia. Por primera vez en la historia, la liga junta a dos futbolistas con más de 40 goles cada uno.

Como en duelo del viejo y salvaje Oeste, ambos pistoleros se verán nuevamente las caras el sábado sobre el césped del Camp Nou, cuando sus equipos se crucen en el decisivo clásico por el título, separados por esos cuatro puntos de diferencia.

La hora está marcada y el terreno de juego, en inmejorables condiciones para que Cristiano y Leo, Leo y Cristiano, decidan de una vez por todas quien es el más fuerte.

"El más macho", diría el mexicano Hugo Sánchez, previo poseedor del récord goleador de la liga con 38 dianas en la campaña 1988-89. Los mismos que Telmo Zarra (1950-51), pero el único en promediar más de un gol por partido en el último medio siglo — al menos hasta ahora.

"Yo me quedó con Cristiano por ser del Madrid, pero indudablemente son dos fenómenos del fútbol mundial. Están marcando las diferencias por sus goles y por su fútbol", dijo el jueves Sánchez en un acto publicitario.

Múltiples marcas y promedios saltaron por los aires en la presente campaña, marcada por la infinita voracidad de Cristiano y Messi, pese a que ni uno ni otro son considerados hombres de área clásicos.

En realidad, la explosión goleadora se remonta a la anterior, cuando el madridista batió el récord con sus 40 tantos que le valieron el trofeo Pichichi al máximo cañonero. Messi quedó segundo con 31 tras liderar la clasificación varias jornadas, pero el sprint final decidió: el argentino no vio la portería las últimas cinco fechas, tramo aprovechado por el portugués para inflar su cuenta con 10 dianas.

"La Pulga" tuvo poco que objetar tras levantar la liga y la Champions, pero, un año después, el pulso entre ambos astros no ha hecho más que intensificarse.

A sus 41 tantos en la competición doméstica, en que actualmente hilvana 10 partidos con gol, Messi añade 22 en el resto de competiciones por 12 del jugador "merengue".

Los 63 goles totales de Messi amenazan con hacer saltar por los aires la histórica marca de 67 establecida por el alemán Gerd Mueller en 1972-73. El rosarino ya entró en la leyenda del Barsa el pasado 20 de marzo, cuando anotó un triplete ante el Granada y se convirtió en el máximo goleador histórico del club, cuenta que ha inflado a 243 dianas.

Cristiano, con 53 totales en el presente curso, ya igualó la marca de ambos la pasada campaña y suma 261 en su carrera, iniciada en 2002, antes que Messi debutara en el Barsa. La opinión generalizada comparte la tesis de Guardiola sobre el poder motivador que cada futbolista ejerce sobre el otro.

Reunidos en incontables galas de premios, los astros se afanan en negarlo. El más reciente, Cristiano tras su triplete al Atlético de Madrid: "No quiero récords, quiero títulos", insistió el madridista.

Y antes Messi, en rara entrevista a la revista TIME: "No creo que mi rivalidad con Cristiano me haga mejor. Nunca me he comparado con ningún jugador. Mi mentalidad es conseguir más cada año, crecer tanto individualmente como con mi equipo. Y si Cristiano no estuviera aquí, haría igualmente lo mismo", dijo.

El argentino emularía así el modelo de superhombre nietzscheano con una pelota en los pies: el niño cuya única motivación es el mismo juego y no requiere de rival, pues no presta atención a otra cosa que no sea su pasión por jugar.

A simple vista, los 41 goles de cada uno parecen distintos: mientras Messi da rienda suelta a su imaginación la sinfonía del Barsa, que este año se ha nutrido también de sus 26 asistencias (99 en su carrera), Cristiano (13 pases de gol) ha anotado el doble de penal (12 por 6), y siempre ha parecido más obsesionado por acumular récords y reivindicarse con celebraciones subidas de tono.

Angel "Pichi" Alonso, ex goleador del Barsa en la década de los 80, no acaba de creerse que Messi se despreocupe de todo lo que haga su rival. "Ellos dicen que no, pero cuando uno marca, motiva al otro, y eso les ayuda a mejorar sus registros goleadores", opina el hoy comentarista televisivo.

Dos grandes mitos del baloncesto como Larry Bird y Magic Johnson no reconocieron hasta años después de su retirada que diariamente ojeaban las estadísticas de las páginas deportivas para comprobar los puntos anotados por el otro la noche anterior; y una imagen repetida esta campaña es la de Cristiano y Messi llevándose el balón a casa después de marcar un triplete.

En caso de leer estas líneas, conviene recordar que la cuenta está en seis "hat-tricks" para Cristiano y ocho para Messi (incluidos un partido con cuatro goles y otro con cinco). Y en sus 12 clásicos, también gana "La Pulga", con siete tantos por cinco del portugués.

El sábado por 90 minutos, los dos últimos "Pichichis" medirán nuevamente su talento y su hambre con un balón de por medio. Y sólo uno tendrá ocasión de quedarse la pelota.

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