El ultraderechista noruego Anders Behring Breivik conmovió el viernes a un tribunal con descripciones macabras de su matanza en un campamento juvenil.

Los sobrevivientes de la masacre del 22 de julio se abrazaban llorosos, tratando de consolarse mutuamente, durante el testimonio de Breivik en el tribunal. Ese testimonio fue transmitido a otros 17 juzgados donde se congregaron familiares de otras víctimas.

El acusado no omitió detalles de su ataque explicando cómo fue matando sistemáticamente a quemarropa a los aterrados jóvenes. Sesenta y nueve personas, en su mayoría adolescentes, murieron acribilladas a balazos en la isla Utoya.

"Algunos de ellos estaban completamente paralizados. No podían correr. Estaban inmóviles. Esto es algo que nunca muestran por televisión", dijo Breivik. "Era muy extraño".

Breivik admitió haber hecho estallar una bomba en Oslo, donde mató a ocho personas, antes de empezar a disparar en el campamento juvenil anual del Partido Laborista gobernante. Pero se declaró inocente diciendo que sus víctimas traicionaron a Noruega al aceptar la inmigración.

Con aspecto tenso pero concentrado, Breivik habló tranquilamente sobre el ataque, desde el momento en que tomó un transbordador pequeño hasta Utoya, una isla en un lago en las afueras de Oslo. Fue disfrazado de policía, armado de un fusil y una pistola. También llevó agua para beber porque sabía que se le resecaría la garganta por el esfuerzo.

Sus primeras dos víctimas fueron Monica Boesei, una de los organizadores del campamento, y el policía fuera de servicio Trond Bernstsen, que estaba en Utoya como guardia de seguridad.

Dijo que apuntó la pistola a la cabeza de Bernsten y disparó. Mató a Boesei cuando esta trataba de huir. Después, cuando yacían sobre el suelo, los remató con disparos en la cabeza.

Breivik dijo que no recordaba parte del tiempo que estuvo en la isla antes de rendirse a comandos de la policía. Pero recordó algunos de los disparos en gran detalles, incluso dentro de un café donde acribilló a sus jóvenes víctimas que rogaban por sus vidas.

El viernes, en el quinto día del juicio, Breivik dijo que siguió atentamente los detalles de los ataques al Centro Mundial de Comercio en Nueva York y del ataque de Timothy McVeigh de 1995 a un edificio del gobierno municipal de Oklahoma, que dejó 168 muertos y 600 heridos.

Calificó a al-Qaida como "el movimiento revolucionario más exitoso del mundo" y agregó que debía servir de inspiración a los ultraderechistas pese a tener objetivos diferentes.

"Queremos crear una versión europea de al-Qaida", agregó.