Decenas de miles de manifestantes llenaron la Plaza Tahrir en el centro de la capital egipcia, en la mayor protesta en meses contra los militares que gobiernan el país, la cual busca aumentar la presión sobre los generales para que entreguen el poder a los civiles.

Muchos manifestantes exigieron también que se prohíba a miembros del régimen anterior postularse para la siguiente elección presidencial.

Islamistas y liberales unieron fuerzas en la protesta para manifestar el disgusto generalizado contra los militares ante el caos político del país de cara a las primeras elecciones presidenciales desde la caída de Hosni Mubarak hace más de un año.

La confusión ha levantado sospechas de que los generales que gobiernan el país desde la expulsión de Mubarak están manipulando el proceso para preservar su poder, asegurar la victoria de un candidato pro militar y evitar la reforma.

"Abajo con el régimen militar", corearon los manifestantes en Tahrir, mientras que mantas colgadas alrededor de la plaza condenaban a candidatos vistos como "remanentes" del régimen de Mubarak.

Liberales y grupos de jóvenes pidieron a todas las facciones ponerse de acuerdo sobre un candidato independiente respecto de los militares, a fin de que dé la lucha electoral, pero la poderosa Hermandad Musulmana y otros islamistas — quienes tienen sus propias ambiciones en la contienda — se negaron a adherirse.

La Hermandad, movimiento político más fuerte de Egipto, ha manifestado frustración por el hecho de que los militares hayan evitado que su dominio en el Parlamento se traduzca en poder político real. El grupo se indignó cuando la comisión electoral designada por los generales descalificó a su candidato presidencial inicial, junto con otros nueve aspirantes.

En respuesta, la Hermandad está haciendo un llamado a una "segunda revolución".

Los liberales y grupos de jóvenes que encabezaron la revuelta contra Mubarak también están escépticos, acusando a la Hermanadad de haber abandonado la revolución para perseguir su propia cruzada por el poder. La Hermandad se mantuvo mayormente fuera de las protestas antimilitares y aceptó que los generales manejaran la transición, apostando a que el proceso allanaría su camino al poder político.

Nada al-Marsafi, una estudiante de 21 años que protestaba el viernes en la Plaza Tahrir, puso en duda las intenciones de los islamistas.

"La Hermandad está utilizando esto (la manifestación) como una oportunidad de autopromoción para hacer campaña por su candidato", señaló.